Gran parte del “país nacional” estima que hubo mejores gobernadores y alcaldes cuando el Presidente nombraba a los primeros y estos, a su vez, a los alcaldes. Pero no es fácil proponer que volvamos a ello, pues enseguida seríamos tildados de antidemocráticos y porque tal idea sería ruidosamente derrotada en cualquier foro político. Respecto a las administraciones municipales es cierto que en algunas ciudades se ha elegido tal cual buen burgomaestre. En esos casos ha sucedido una de estas situaciones: En Bucaramanga hemos padecido el caso de un alcalde prácticamente amarrado por la mayoría de los concejales. Tal mayoría ni se toma la molestia de aducir algún argumento para improbar lo que le proponga el alcalde Hernández. Esa mayoría eligió personero y contralor de bolsillo para completar su sistemática e irracionada oposición. Y en tal forma perjudican al alcalde, pero sufren inmensos perjuicios todos los ciudadanos incluidos quienes eligieron a estos irresponsables concejales que ahora disfrutan de honorarios (por frenar el progreso de la ciudad), y de adicionales prebendas por usufructuar unas curules que están destinadas a verdaderos servidores públicos.Es casi reciente esto de que las prebendas sea lo que estimula a ciertos concejales para buscar su elección. Debe recordarse la época en que los concejales trabajaban (y lo hacían sin renunciar a hacer oposición) por una de dos razones: servir a su ciudad ad-honorem o sostener ciertas ideas partidistas. Lo primero aún es posible pues todavía existe el civismo; no así lo segundo por la debilidad de los que aún figuran como partidos políticos. Hay que regresar a aquel servicio cívico, lo que se traduciría en contar con concejales de superiores capacitación, decencia y honorabilidad; y el dinero pagado por los municipios a los concejales se destinaría a programas sociales en favor de los más necesitados.