En los últimos años, en Colombia, ha habido múltiples problemas al ejecutar obras públicas, mas ningún estudioso o alguna de nuestras entidades socio-económicas se ha interesado en analizar y explicar las causas de tan grave situación. Puede aducirse que nunca antes se habían programado e intentado llevar a cabo proyectos de ingeniería tan complejos como los que se han acometido últimamente. Pero también en sencillas obras, medianas y pequeñas, abundan los fracasos: se incumplen los plazos pactados, se adicionan sus valores iniciales, y aun así varias quedan sin cabal terminación; y no es raro que la calidad de los trabajos deje mucho que desear en ciertos casos, en los que se evidencia la indolencia no solo del contratista, sino también del interventor. En esta debacle no falta la corrupción, pero no puede ser la única causa del actual estado de desconfianza y descrédito de los programas de obra pública. Descrédito que sin duda obedece a múltiples factores, entre los que el más notorio es la precariedad en la preparación de los pasos que componen la etapa de preinversión que compete a las entidades contratantes; y por ello la mayoría de las críticas recae sobre los gobernantes. Pero culpables somos otros más, y en especial tres grupos de responsables. El primero lo componen las facultades de Ingeniería, con currículos y profesores que forman ingenieros del mayor tecnicismo, y lo que más están entregando a la comunidad son unos calculistas rígidos. El segundo grupo lo conforman los dirigentes privados; simplificando cabe decir que parte de ellos pertenece a los gremios, donde prima un sano interés económico, pero ajeno a la formación de ingenieros (ejemplo: Cámara Col. de Infraestructura); otra parte es la de miembros de las asociaciones de profesionales. Ellos componen el tercer grupo, en el que no faltaría interés por el fortalecimiento de los profesionales asociados, cual es el caso de la Sociedad Colombiana de Ingenieros (SCI). Así que es inmensamente preocupante que la SCI, y tampoco las sociedades regionales de ingenieros, hayan expresado opinión alguna sobre la formación que están impartiendo a sus alumnos las facultades de Ingeniería.