miércoles 27 de mayo de 2009 - 10:00 AM

El yo-yo de Uribe

Escribo estas notas el viernes 22 de mayo, día en que los medios impresos nos informan sobre las declaraciones del señor Presidente que el jueves escuchamos y vimos en TV y que han causado -como todas las suyas- innumerables especulaciones sobre su íntimo deseo de dar ya vía libre, a los 'muchos buenos líderes' que tiene el país.

Mas como ayer mismo, solo unos minutos después pero ante otro auditorio, nos dijo a los colombianos que él no podría incurrir en la irresponsabilidad de dejar expósitas sus políticas de gobierno, no faltan quienes deduzcan que los dos libretos los preparó simultáneamente. Máxime considerando que no es la primera vez que comenta las amarguras y la encrucijada que la nueva reelección ha creado en su alma.

Esta columna se ha programado para publicarla el 27 del mes en curso, de modo que me pregunto qué sucederá para esa fecha. ¿El yo-yo estará arriba o abajo? Aunque podrá estar en ambos extremos a la vez, a no ser que el Presidente logre erradicar o desplazar su comprensible encrucijada, que es la de todo el país. Que Dios lo ilumine, pienso yo; pero que lo ilumine bien y rápido. O que pronto se le rompa el yo-yo o se le acabe la margarita, porque la incertidumbre que ha invadido a toda Colombia es lo peor que nos está sucediendo.

No soy uribista ni anti-uribista; mas no hace falta ser esto o aquello para tener claro que a nadie conviene un tercer período consecutivo de ningún Presidente. No obstante, si me ponen a escoger entre que el doctor Uribe Vélez siga dándole largas a tomar una decisión, o que rápidamente resuelva continuar durante uno o más nuevos períodos, casi preferiría lo segundo, por razones tan irrefutables como las que siguen.

Ya lo dije: la incertidumbre no solo perjudica inmensamente al Presidente sino a todos los colombianos, pues nadie sabe hoy a qué atenerse. Se están quedando al margen muchas determinaciones importantes para esta nación; tanto diversas decisiones que les corresponde tomar a los políticos y al poder legislativo, como muchas otras -de carácter económico y de importancia social- que son del resorte del sector privado unas, y otras de altos funcionarios del poder ejecutivo.

La conclusión no puede ser distinta a que urge poner a caminar el país por un sendero sin reglas a menudo cambiantes. Si las reflexiones que un poco a la carrera he anotado son válidas, es imperativo que el doctor Uribe resuelva de una vez y con claridad, si vuelve a aspirar o no. Por favor: ya es bueno dejar el 'sí pero no'.

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