lunes 10 de diciembre de 2018 - 12:01 AM

La Polarización

Inicio citando algunos hechos ocurridos en Colombia a partir de febrero de 1930. En tal mes se eligió como Presidente a Enrique Olaya Herrera, destacado dirigente del liberalismo, partido que lo postuló coaligado con un sector republicanista del conservatismo; compitieron con Ola-ya el maestro Guillermo Valencia y el general Alfredo Vásquez Cobo, ambos conservadores. El Presidente Olaya hubo de afrontar la guerra con el Perú, que sorteó debidamente nuestro ejército, al mando de Vásquez Cobo. La elección de Olaya significó una parcial alternación de los partidos liberal y conservador, que vio su final el 13 de junio de 1953 con el golpe militar del general Rojas Pinilla. Digo “parcial alternación” -y polarización-, pues el liberalismo gobernó de 1930 a 1946 y el conservatismo de 1946 a 1953. Tan solo una alternación del poder, y una polarización que fue trágica por la gravísima violencia partidista empezada unos años antes del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948. Durante los años entre 1958 y 1974 (Frente Nacional), los partidos tradicionales se alternaron 4 veces, pero compartían el gobierno, de tal forma que no hubo polarización y se recuperó la paz política.

Lo anterior solo se refiere a hechos sucedidos en el país, que explican las tantas críticas que se hacen a las polarizaciones advertidas en varios casos. Sin embargo, mirando lo sucedido en materia de polarización política, en países de tanta importancia y desarrollo como Inglaterra y Estados Unidos, puede concluirse que su reconocida democracia se debe a que solo existen dos partidos (polos), claramente diferenciados en sus ideas y en su forma de gobierno, de tal modo que los electores van valorando día por día las ejecutorias en el poder de uno y otro, generando su alternación cuantas veces lo estiman conveniente. Y no ha sido ajena a esos gobiernos –que reitero son de los más destacados del mundo- la polarización; la cual, creo, no debe impugnarse per se, ya que en sí misma, es posible que estimule y produzca benéficos resultados tanto en política como en otras actividades. Distintos son los malos usos y aprovechamientos que, en varias ocasiones, la muestran como algo indeseable.

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