miércoles 22 de abril de 2009 - 10:00 AM

Los huevos de oro

No es cuento, como el del empresario lanza-globos, sino triste realidad. Triste, pues si muere la gallina, también mueren sus huevos. Hoy, en nuestro corral, hay cuatro ponedoras de huevos de oro: la zona de San Gil, el cañón del Chicamocha, la Mesa de Jéridas y Bucaramanga. Solo comentaré sobre la tercera, aunque todas tienen en común su caótica producción de huevos turísticos.

Según expertos, el ya famoso Panachi le traerá altos beneficios (muy superiores al daño ambiental) a la Mesa. Quiera Dios, ya que 'matar gallina' es tan fácil. Es claro que el incremento del turismo en la Mesa no lo genera ninguno de los atractivos de Panachi distinto del teleférico y éste transporta a (o desde) Jéridas dos flujos turísticos, básicamente: el de quienes desde el sur viajan al área de San Gil-Barichara, y el de los residentes en Bucaramanga más una porción de quienes le llegan por distintos medios, incluido el aéreo.

Entre los que componen el primer flujo, pocos desembarcan de su cabina cuando ésta llega a la estación de la Mesa de Los Santos. Entonces, lo necesario es preparar bien la gallina para los del segundo flujo -nada despreciable- que partiendo de Bucaramanga abordan el teleférico en la citada estación y para los tradicionales veraneantes y propietarios que frecuentan la Mesa.

Hay conciencia de que el aumento poblacional requiere mucha agua potable, alimentos y buenas vías internas; pero para que la gallina no se vaya a otros sitios mejor dotados y menos polucionados, no solo se necesita agua. A la carrera anoto otros factores: los residentes -incluso los que labran la tierra- requieren capacitación y no la lograrán, si no es el Sena el que va allá; el servicio de salud brilla por su ausencia o precariedad; las regulaciones públicas y su control, en materia de ocupación del suelo y desarrollo físico (construcción de vías, redes de servicios, viviendas, locales, pequeñas plantas fabriles, restaurantes etc.) son letra muerta. Así se ha creado ya tal desorden ambiental, que pronto alejará a los turistas.

Y no se piense que un lugar promisorio puede desarrollarse satisfactoriamente, si una parte está 'regida' por autoridades miopes y politiqueras como las de Los Santos, y la otra por un municipio como Piedecuesta, que la ignora por completo. O cuando la promisoria zona parece excluida de los planes departamentales. Para completar: la parte de Los Santos pertenece a la jurisdicción de una corporación ambiental y la de Piedecuesta a la de otra.


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