Publicado por: Eduardo Pilonieta Pinilla
En nuestra justicia hay dos elementos a evaluar si algún día pretendemos tener un sistema judicial eficiente, confiable y adecuado a los tiempos que corren: El primero, es la falta de experiencia de quienes son llamados a desempeñar el papel de jueces, pues entre nosotros se empieza por donde se debiera terminar y ello produce la primera gran distorsión del modelo, al llegar a la judicatura sin la madurez necesaria para desempeñar tan compleja función.
Para ser juez se debiera tener la visión que produce el duro y complejo ejercicio de la profesión de abogado, que fortalece los conocimientos jurídicos, permite conocer las dificultades propias de la búsqueda de la verdad y nos lleva a tener la noción exacta de la diferencia entre el ser y el deber ser, base fundamental de una sentencia equitativa.
El segundo es el carácter vitalicio de los nombramientos judiciales que genera una inamovilidad que poco o nada oxigena el sistema, pues muchos jueces logran la realización de su vida con el nombramiento y permanecen sin cambios notables hasta la obtención de la pensión de vejez, lo cual hace que la función social del cargo ceda el paso a la necesidad vital del mismo en desmejora de la calidad que se espera.
El ejemplo de la Altas Cortes en donde solo se puede estar un período y nada más, permite apreciar claramente cómo han producido un derecho oxigenado, vivo y adecuado a la naturaleza de una sociedad dinámica que cambia con el desarrollo de la civilización misma. Por eso lamentamos la posición que adoptaron algunos magistrados de la Corte Constitucional y del, ojalá extinto, Consejo Superior de la Judicatura, que lo primero que pensaron frente a la reforma de la justicia fue en aumentarse el período de ocho a doce años y elevar la edad de retiro forzoso de 65 a 70 años, concepción propia de quienes solo ven la salida a su subsistencia en un cargo público debido a su incapacidad de creárselo privado. No llegará lejos la justicia con personajes de esta catadura y el país continuará condenado a una justicia lenta, mediocre y vacía.









