Publicado por: Eduardo Pilonieta Pinilla
Nuestro entrañable tío Orlando Pinilla Prada acaba de pasar a ser parte de nuestros lares, dejándonos un vacío material imposible de llenar pero también, a su vez, un legado: su vida modelo signada por las virtudes que siempre hicieron de él, en verdad, nuestro personaje inolvidable.
A su lado se forjó parte de nuestra vida, que signó el camino que hemos transitado hasta llegar a ser lo que hoy somos, pues su ejemplo sirvió de guía, su sencillez de brújula y su don de gentes de modelo.
Su formación cultural profunda fue para nosotros una fortaleza, pues siempre que teníamos una duda sabíamos que con él hallaríamos la respuesta ya que todo lo sabía y gracias a ello entendimos que lo real era lo cotidiano, lo etéreo era para los poetas y lo difícil para los luchadores.
Era el alma de las fiestas donde quiera que estuviere, pues su temperamento alegre guió siempre su existencia siendo su compañía, en verdad, un descanso para el espíritu.
Hablar con él era absolutamente constructivo. Manejaba un profundo conocimiento histórico, conocía como el que más ese modelo politiquero barato en que estamos inmersos y además tenía el don de ver la vida siempre por el lado amable, lo cual lo hacía un personaje tranquilo, alegre, sonriente y muy popular entre sus amigos.
Era un hombre respetable por su manera de actuar, admirable por la forma como hacía las cosas y fácil de querer por ese don de gentes y por el cariño con el cual se acercaba o permitía que las personas se le acercaran. Para nosotros era un patriarca.
Con él se fue un auténtico y fanático enamorado de Barrancabermeja, tierra que lo viera nacer, a la que no abandonó jamás, siempre la llevaba en su alma con un cariño especial por ser la región que lo acogió en su infancia y forjó su carácter amable y risueño. Hasta pronto tío, te querremos siempre.









