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Eduardo Pilonieta Pinilla
Viernes 28 de febrero de 2014 - 12:01 AM

La misa apenas empieza

Publicado por: Eduardo Pilonieta Pinilla

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Hay verdades que escandalizan y duelen pero es mejor conocerlas, pues ignorarlas lo único que facilita es que las mismas terminen camuflándose o transformándose en costumbres que le pueden hacer daño a los colectivos sociales.

Por eso cuando aparece un libro que las pone al descubierto, termina siendo un imperativo cultural leerlo para analizar su contenido y así formarnos un juicio propio sobre la utilidad de lo planteado.

Las verdades, a su vez, son parte de la cultura de un pueblo y conocerlas nos permite saber para dónde van esos colectivos y cuáles son los valores que determinan el quehacer individual en ese duro proceso de sobrevivir y crecer que nos impone la vida, independientemente de lo que pensemos o sintamos frente a ellas.

Por eso nos ha impresionado la nueva novela de Gustavo Álvarez Gardeazábal, “La misa ha terminado”, a través de la cual se pone de manifiesto cómo la homosexualidad ha hecho carrera en el seno de la iglesia católica y muy seguramente en otras, solo que a nosotros nos afecta ésta por ser la que nos impusieron al momento de nacer.

No nos escandaliza, la verdad, pues desde el colegio mismo conocimos su existencia y en muchas ocasiones ayudamos a esquivar sus acometidas; lo que no aceptamos es la doble moral con que se juega, pues de la puerta para fuera se habla de abstinencias y castidades y de puertas para adentro se practica todo lo que a los demás se nos prohíbe.

Sentimos que llegó el momento de que la iglesia católica aproveche el carácter del nuevo Papa para recuperar el prestigio perdido, el cual ha facilitado la existencia de una industria eclesial que, utilizando garajes, promociona la vida eterna a precios de ocasión, todo ello para beneficio de unos pastores que esquilmando a sus feligreses terminan dándose una vida opulenta mientras predican la templanza, la resignación, la generosidad con Dios, representado por ellos, a cambio de una vida eterna que tampoco pueden demostrar.

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