viernes 30 de octubre de 2020 - 12:00 AM

Algunos interrogantes

La pregunta que nos inquieta es: ¿quién financió los costos de todo ese proceso que implicó el traslado y alimentación de ese mundo de personas que concurrieron allá?
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La reciente minga indígena dejó muchas enseñanzas pero, a quienes somos curiosos, también muchas preguntas. La principal enseñanza es que se puede hacer protesta social sin vandalismo, cosa que debieran aprender nuestros muy preparados estudiantes universitarios y además la izquierda recalcitrante, con el resultado adicional que el país se enteró no solo de su existencia, sino también de toda la protección que el Estado les brinda.

La pregunta que nos inquieta es: ¿quién financió los costos de todo ese proceso que implicó el traslado y alimentación de ese mundo de personas que concurrieron allá?

Hablando con un transportador, de esos que sí saben porque lo han vivido, las chivas que utilizaron cuestan en promedio 3 y medio millones de pesos de ida y 3 y medio millones de venida, más la disposición en la ciudad de Bogotá, la cual eleva la cifra calculada, muy por debajo, a diez millones de pesos por vehículo. Y como dicen fueron 180, estaríamos hablando por este solo concepto de la no despreciable cifra de 1.800 millones en únicamente transporte.

Además, ¿cuánto cuesta alimentar a ocho mil personas durante siete días?

Haciendo un cálculo bajo de veinte mil pesos diarios por cada individuo nos daría un aproximado de 1.120 millones para un total de 3.000 millones de pesos.

¿Quién cubrió esos gastos? Quien lo hace debe tener una gran capacidad económica para estar dispuesto a gastar esa cifra, no se sabe buscando qué provecho y eso nos llevaría a pensar que están utilizando a los indígenas caucanos como idiotas útiles para su propio beneficio; tenemos la impresión que la respuesta hay que buscarla por los lados de México, para no ir tan lejos.

De igual manera, los directivos de la minga habían amenazado con quedarse hasta diciembre, pero resolvieron devolverse súbitamente; nos preguntamos: ¿qué pasó? Aspirando en que ahora, alguien sin miedo, nos lo cuente.

Los colombianos tenemos que empezar a indagar qué nos está sucediendo, pues nuestro comportamiento continúa siendo el de unos individuos que se pueden engañar con mucha facilidad con la sola elemental ayuda de los medios de comunicación y con un populismo a ultranza.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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