viernes 07 de mayo de 2021 - 12:00 AM

Bonito así

Hemos visto cómo la violencia se torna absolutamente impersonal, pues los encapuchados son inidentificables mientras que las respuestas que se les oponen por quienes dan la cara se penaliza en una franca desproporción
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He sabido que para lograr una sana convivencia ciudadana las personas tienen derechos y obligaciones; también sabemos que el derecho propio termina desde donde comienza el de los demás.

Por eso entendemos que cuando la gente se siente incómoda con alguna situación les asiste el pleno derecho de protestar y una forma de hacerlo son las marchas; hasta ahí estamos totalmente de acuerdo; no obstante, cuando estas se tornan violentas pierden su legitimidad y se hace necesario frenar los desmanes que en estas se producen.

Lo que está sucediendo en Colombia ha desbordado los límites de la legitimidad y se ha convertido en vandalismo criminal que debería ser sancionado si tuviéramos un verdadero poder judicial operativo; es más, tampoco entendemos por qué unos pocos pueden atacarnos y el sistema nos niega el derecho a defendernos, sometiéndonos al imperio de una criminalidad irrefrenable que nos obliga a soportarlo todo porque hay que respetarles los derechos humanos como si los que somos víctimas no tuviéramos exactamente los mismos derechos.

Hemos visto cómo la violencia se torna absolutamente impersonal, pues los encapuchados son inidentificables mientras que las respuestas que se les oponen por quienes dan la cara se penaliza en una franca desproporción que no es otra cosa que una auténtica distorsión de los derechos humanos que se utilizan como escudo para esconder la criminalidad de los bandidos que se amparan en ellos.

Prenderle candela a un policía, coparlos numéricamente y lapidarlos sin piedad, quemar establecimientos comerciales, saquear tiendas, pintar grafitis, atacar los bienes públicos destruyéndolos, entre otras cosas, es permisible y correcto pero que una persona ataque un manifestante vándalo, máxime si quien lo hace es un miembro de la fuerza pública cuya función es velar por los derechos que los demás tenemos, eso sí es un auténtico crimen que debe ser penalizado. Bonito así.

Cuando la reacción defensiva se iguala con la ofensiva no hay nada que hacer, por eso aquella debe superar el ataque y esa es la única manera como se puede mantener ese equilibrio social que permita la convivencia ciudadana toda vez que los correctos somos más que los bandidos.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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