viernes 17 de diciembre de 2021 - 12:00 AM

Bueno y malo

Esta vez sí hubo un verdadero aumento salarial, pues se le devolvió a éste el valor perdido por la inflación, pero además se le adicionó aproximadamente un 4%, que es realmente el incremento del salario mínimo.

Por fin los trabajadores, los empresarios y el Gobierno lograron un acuerdo para el incremento del salario mínimo, lo cual desde luego es un avance social, solo que ahora vendrá la ola alcista, típica de principio de año y con ella empezará a esfumarse la ilusión del incremento.

Esta vez sí hubo un verdadero aumento salarial, pues se le devolvió a éste el valor perdido por la inflación, pero además se le adicionó aproximadamente un 4%, que es realmente el incremento del salario mínimo.

Ahora, no es cierto que el trabajador reciba $1.000.000, pues a esa cifra hay que descontarle los aportes a pensión y salud a su cargo que equivalen al 8% y por lo tanto su verdadera cifra salarial efectiva será de $920.000, sin tener en cuenta el auxilio de transporte que es un dinero destinado al gasto necesario para la movilidad del trabajador, es decir, que no ingresa a su patrimonio, pero por ministerio de la ley sí se debe tener en cuenta a la hora de liquidar cesantías y primas.

Que el salario mínimo haya subido el 10% no significa que en ese mismo porcentaje deban hacerlo los demás salarios diferentes a este, pues la obligación del empleador será incrementarlos en por lo menos el índice de inflación que realmente es apenas devolverle el valor adquisitivo perdido por la inflación correspondiente.

Aquí aparece una injusticia adicional, porque el mínimo integral, $11.804.000 sí subirá el 10%, mientras que el rango entre este y el mínimo legal podría no llegar a esa cifra. Cabe anotar que en este tipo de salarios, por encima del mínimo legal integral, queda al arbitrio del empleador determinar si los sube en el equivalente al índice de inflación o en una porcentaje diferente y en eso radica el desequilibrio comentado.

Queda pues sobre el tapete la nueva situación de los asalariados, que de no desarrollarse la economía en debida forma, verán mermadas las posibilidades de obtener un salario digno, pues si el Estado no hace esta vez el sacrificio de aportar disminuyendo los impuestos, llegará un momento en que para ajustar gastos y hacer rentable el negocio se acudirá al expediente de cortar por los sano, es decir, suprimir algunos puestos de trabajo.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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