viernes 11 de junio de 2021 - 12:00 AM

Culpa de nosotros

Que hay que cambiar, hay que cambiar; pero hacerlo para empeorar no deja de ser una torpeza que podemos evitar si abrimos los ojos y empezamos a actuar en lugar de dejar que los demás actúen por nosotros
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La violencia de una población manifestante es una actividad justificable y humanitaria, pero la reacción de quienes se defienden siempre será la violación de los derechos humanos; esta premisa, repetida insistentemente, se volvió una realidad y se está utilizando para desestabilizar el país a fin de permitir la implementación del socialismo del siglo XXI.

Que las cosas en Colombia están mal, es cierto; que somos un país en donde las ramas del poder están desacreditadas, que la economía está afectada grandemente, primero por la pandemia y ahora por los paros, también es cierto y que por ello debemos ejecutar una acción colectiva que permita su corrección es cierto; solo que el modo que se está utilizando para reclamar es absurdo y lo único que ha hecho es perjudicar a quienes intentan sobrevivir en medio de este caos.

Hay muchas cosas que generan inquietudes, por ejemplo: ese famoso comité del paro ¿qué cosa es?, ¿quién lo designó?, ¿a quienes representan?, ¿qué poder tiene sobre las masas que ellos convocaron y terminaron en violencia y que ahora, desbordadas, no acatan sus instrucciones?, para dónde nos llevan con un pliego de peticiones que más parece una carta al niño Dios y con la insistencia de no negociar culpando al gobierno porque no les da todo lo que piden, mecanismo de negociación muy propio de nuestro sistema sindical en donde se pide de todo pero a cambio nada se da.

Creemos que es hora de despertarnos de ese letargo que nos está afectando; es el momento de que todos nosotros tomemos conciencia y abramos los ojos para ver hacia dónde nos quiere encauzar un grupo de izquierdistas que juegan a hacer un cambio que donde quiera que se ha aplicado ha producido solo pobreza; si no miremos hacia Nicaragua, Cuba o Venezuela.

Que hay que cambiar, hay que cambiar; pero hacerlo para empeorar no deja de ser una torpeza que podemos evitar si abrimos los ojos y empezamos a actuar en lugar de dejar que los demás actúen por nosotros, e intentemos participar en las definiciones políticas abandonando el modelo politiquero que nos están aplicando.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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