viernes 14 de octubre de 2022 - 12:00 AM

El folclor gubernamental

Nadie sabe cuánto pesa un bulto si no tiene que cargarlo; este aforismo bien puede aplicarse a las decisiones folclóricas que algunos gobernantes adoptan pretendiendo con ellas esconder su incapacidad para resolver los verdaderos problemas que tienen que enfrentar.

Lo decimos porque nos vimos obligados a sufrir otro día sin carro y sin moto, determinado por unos funcionarios públicos a quienes no les aplica la restricción porque se mueven en carros oficiales, sin ponderar de qué magnitud puede llegar a ser el daño que les hacen a las gentes que directa o indirectamente viven de la utilización de estos medios de transporte, por los cuales además les cobran impuestos.

Ayer no más, parados en una esquina de la zona céntrica de esta ciudad pudimos observar cómo es el rebusque de las gentes que deben salir cada mañana a conseguir la comida del día, pues contrario a quienes definen estas cosas que tienen ingresos de 7 cifras o más, deben aruñar las posibilidades para lograr hacer el plante, es decir, lograr lo del día para sobrevivir.

No tenemos estadísticas, pero existen muchas personas que viven de un carro o de una moto para llevar la comida a su casa, ni tampoco cuántas son las personas que logran suplir sus necesidades con el trabajo de aquellas que rebuscan el sustento de esta manera.

Salga usted a la calle, párese en cualquier semáforo, vea para que entienda y explíqueselo a los burócratas de escritorio, que trabajen o no reciben un sueldo teniendo además la seguridad de que lo recibirán mañana y con ello suplen sus necesidades básicas.

Qué buscan probar esos genios oficiales con estas locas determinaciones: que baja la polución, eso es claro; que disminuye la accidentalidad, eso se puede saber sin tanto daño; que se agiliza el tránsito automotor, evidente; y si los prohibimos del todo, las calles se vuelven un paraíso terrenal, todo ello sin necesidad de emplear sentido común, pues con algo que tuvieran sería suficiente.

El problema es más de fondo y requiere soluciones que beneficien y no que perjudiquen, pues sabemos que es más fácil prohibir que resolver, causándole daño a la gente, para mañana terminado el veto volver al problema, es decir, no obtener absolutamente nada.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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