viernes 15 de marzo de 2019 - 12:00 AM

La famosa JEP

“Es el modelo de justicia transaccional que define el acuerdo de víctimas para conocer, investigar y juzgar los crímenes relacionados con el conflicto armado colombiano”.

Para nosotros, fue un modelo judicial diseñado por las FARC, buscando no tener que pagar ni un solo día de pena a pesar de los innumerables crímenes para nosotros y errores para ellos, que cometieron a lo largo y ancho del país durante más de 50 años.

Vale la pena que revisemos algunas cifras de lo que nos cuesta el sistema a los colombianos: mientras que 4 altas cortes, que resuelven los problemas de 45 millones de colombianos cuentan con 67 magistrados en total, la JEP cuenta con 38 magistrados principales que devengan cada uno 34 millones de pesos y 14 suplentes, para revisar la conducta de no más de 50.000 combatientes en todos los géneros.

Cada magistrado tiene un buen número de auxiliares, elevando su total burocracia a 897 funcionarios diversos que nos van a costar a los colombianos 172 mil millones de pesos para el año 2019.

De esos funcionarios hay 200 adscritos a la Unidad de Investigación de Acusación, siendo uno de ellos el involucrado en el tema de las coimas por ayudar al señor Santrich a no ser extraditado a los Estados Unidos.

El solo arrendamiento del edificio donde funcionan en la ciudad de Bogotá nos cuesta a los contribuyentes la bicoca de 1.500 millones de pesos mensuales, lo cual significa que se cancelará por tal concepto 18.000 mil millones de pesos anualmente.

La JEP cumple un año de funcionamiento el 19 de junio de 2019 y fuera de los escándalos por corrupción, nóminas paralelas y contratos no muy claros, se le conoce poco de lo que ha hecho y no se sabe de un solo pronunciamiento de fondo sobre los temas de su competencia.

Y claro, la izquierda que todos conocemos, se rompe las vestiduras porque los colombianos pretendemos que los delitos sexuales cometidos en menores durante el conflicto se excluyan de este modelo, pues no son una herramienta de combate, sino la simple perversión de un grupo de desadaptados.

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