viernes 26 de junio de 2020 - 12:00 AM

Lo bueno del virus

Lo que más nos sorprende es que la burocracia, ese mal endémico que azota a las civilizaciones modernas, que solo admitía las presencias personales, terminó obligada a aceptar la virtualidad...
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Los ancestros decían: “La necesidad tiene cara de perro” y aunque nunca conocimos su estricto significado, siempre la usaban cuando existía alguna dificultad; pues bien, ahora que el famoso virus nos cambió la vida a todos, condenándonos a casa por cárcel, nos tocó recurrir a la virtualidad no solo para socializar sino, muchas veces, para encontrar los recursos necesarios para sobrevivir.

Resulta bien curioso porque los “Baby Boomer” que habíamos intentado durante mucho tiempo acudir a la electrónica total y siempre habíamos encontrado una excusa para no acabar de aprender, nos vimos súbitamente inmersos en un mundo donde todo se puede hacer desde el lugar en que nos encontremos; ello porque los medios virtuales han permitido reconstruir el hacer social, eliminando las distancias y las presencias físicas, lo cual desde luego se ha vuelto un alivio, porque moverse hoy en las grandes ciudades es toda una tortura con el tráfico inmanejable, los conductores irresponsables y las autoridades incapaces.

Lo que más nos sorprende es que la burocracia, ese mal endémico que azota a las civilizaciones modernas, que solo admitía las presencias personales, terminó obligada a aceptar la virtualidad que todo lo agiliza, moderniza y adelgaza, pues elimina los requisitos inútiles como las presentaciones personales ante la justicia, para dar solo un ejemplo.

Y ¡oh! sorpresa, a la justicia colombiana, esa institución absolutamente inamovible, refractaria al cambio, le tocó a la brava aceptar la virtualidad e implementarla en cuatro meses, aunque la misma estaba prevista en el papel desde hace más de veinte años.

Hoy, por ejemplo, los centros comerciales empiezan a perder su razón de ser, pues para muchos es más fácil y eficiente comprar por marcas y referencias específicas, comparando los precios ofertados a través de la red, que tener que ir de almacén en almacén preguntando por necesidades que aspiramos a comprar, simplemente porque nos gustó y punto.

Lo cierto fue que nos obligaron, queramos o no, a aceptar la virtualidad que llegó para quedarse, cambiando la estructura social y una vez que pase la amenaza vamos a encontrar un nuevo modelo de civilización sin contemplaciones ni exclusiones.

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