viernes 11 de diciembre de 2009 - 10:00 AM

Los desequilibrios

Hay cosas que no dejan de causar estupor y asombro, poniendo de manifiesto hasta dónde la sociedad colombiana ha caído por la indiferencia y esa modorra social que nos tiene como estamos.

Por una noticia de este diario, nos enteramos que la Gobernación de Santander había girado, después de mucho hacer esperar, mil trescientos cincuenta y algo millones de pesos provenientes de la estampilla pro ancianos, dinero con el cual se deben atender trescientos cincuenta y un viejitos en materia de alimentación, vestuario, alojamiento y drogas. Esto significa que cada uno tiene derecho aproximadamente a trescientos mil pesos mensuales, pago año vencido, para su sobrevivencia mínima. El asunto espanta si lo comparamos con la piñata que se montó con el tema de Agro Ingreso Seguro, en desarrollo del cual personas millonarias recibieron varios miles de millones, supuestamente para estimular la producción agrícola.

Se dirá que no se pueden comparar temas nacionales con regionales; eso puede ser cierto, pero tampoco se puede desconocer que los dos son oficiales y el Estado, aún fraccionado, termina siendo uno solo si se mira respecto de los ciudadanos.

Nos asquea que mientras los ricos reciben millones para su beneficio individual, los pobres, que los necesitan para vivir, reciban escasos centavos, ampliándose la brecha social como si solo le interesara al gobierno aquellos que mueven sus votos y no quienes realmente los ponen.

Desconocer a los ancianos es parte de una pésima estrategia social porque, queramos o no, vamos para allá si no es que ya llegamos.

Insistimos en la necesidad de reclamar a nuestros gobernantes algo de equidad si pretendemos tener una patria en la que todos estemos verdaderamente bien, eliminando las reales causas de esa violencia cuya raíz está precisamente en la existencia de esa disparidad social y en la incompetencia de los gobiernos, cuando se trata de atender las necesidades de los ciudadanos, que conduce a situaciones como éstas que repugnan al ser conocidas.

De seguir así estamos simplemente abriendo las puertas a todos los Chávez que hay entre nosotros, quienes encontrarán despejado el camino para llegar a donde quieren.

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