viernes 03 de junio de 2022 - 12:00 AM

O el uno o el otro

El uno es un salto al vacío y el otro es un salto a la esperanza de un cambio real pues se ataca el mal por la base que es el principio general de nuestro estado de postración y pobreza

Colombia dijo no al continuismo y definitivamente votó por el cambio.

Ahora el problema radica en escoger cuál es el modelo a adoptar para lograrlo pues existen solo dos posibilidades: o tomamos el camino del socialismo del siglo XXI, o nos vamos con una posición un poco más sensata en la que todos podemos ganar al tiempo que acabar con el cáncer que nos tiene al borde de la ruina, que es la corrupción.

Si optamos por la primera, tendremos que enfrentar cosas como la democratización confiscatoria de la propiedad privada, la nacionalización de los ahorros pensionales pagados a base de mucho esfuerzo, la amenaza de la fabricación descontrolada de papel moneda que llevó a la extinción del bolívar y, la más grave de todas, a la perpetuación en el poder de esa izquierda recalcitrante como ha pasado en todos los gobiernos que siguen esa corriente política, o si no miremos a Nicaragua para tener un punto de referencia.

La otra postura es la de atacar francamente, sin eufemismos ni pactos diabólicos, la corrupción que se ha generalizado hasta el extremo de imponernos una reforma tributaria cada año y medio, pues si no se le cose el fondo al costal todo lo que echemos terminará, como hasta ahora, en manos de esos inescrupulosos que hasta la vergüenza perdieron y se exhiben como payasos de feria demostrando la prepotencia que da el dinero mal habido.

Será posible cambiar de la mano de Roy Barrera, Piedad Córdoba, el senador Benedetti, Timochenko, la cúpula del partido del común y los presos por corrupción que permanecen en las cárceles, a quienes se les ha ido a vender la idea de un perdón social; o nos arriesgamos y apoyamos un cambio precisamente combatiendo a quienes viven cómodamente robándose la salud, los alimentos escolares, la plata de los contratistas que si no pagan no tienen nada y en general, lucrándose del Estado indolente que incluso les ha permitido eternizarse en los órganos legislativos como todos conocemos.

El uno es un salto al vacío y el otro es un salto a la esperanza de un cambio real pues se ataca el mal por la base que es el principio general de nuestro estado de postración y pobreza.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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