viernes 07 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Permítasenos defendernos

El control de las armas, tal como está concebido en Colombia, es un despropósito; a las personas de bien no les está permitido utilizarlas en su defensa...
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Nunca hemos podido entender la preocupación del gobierno por desarmar a las gentes de bien, mientras que todos le vemos la absoluta incapacidad de combatir a los malandros que las usan para intimidar a los indefensos ciudadanos.

Siempre se nos ha ocurrido pensar que éste es un plan malévolo diseñado para que los hampones puedan realizar su trabajo sin encontrar mayores dificultades en su afanosa tarea.

El uso de la fuerza genera equilibrio social, pero cuando a unos se nos impide el derecho a portar instrumentos de defensa mientras que a los demás se les permite utilizarlos como elementos materiales de intimidación, el desequilibrio es manifiesto y el éxito criminal queda plenamente garantizado.

Lo sucedido con el médico bogotano que se defendió de un ataque aleve, desproporcionado y peligroso, es una clara demostración de que se puede mantener un equilibrio social sobre la base del uso de instrumentos de defensa, pues los bandidos quedan avisados que sus víctimas pueden reaccionar exitosamente y entonces eso los llevará a pensar mejor lo que van a hacer.

O todos en la cama o todos en el suelo; pero los bandidos en ella y las víctimas en él es una desproporción social que lo único que logra es incentivar la delincuencia, pues los delincuentes tienen garantizada la indefensión de sus víctimas, ya que a éstas se les está vedada toda posibilidad de defensa.

El control de las armas, tal como está concebido en Colombia, es un despropósito; a las personas de bien no les está permitido utilizarlas para su defensa, mientras que a los malandros les queda fácil acceder a ellas, incluso arrendándolas en el mercado negro por unos pocos pesos, asegurando de esa manera la superioridad que les facilita su accionar.

Que el Estado nos defiende es una mentira absoluta, ya que nunca está donde se necesita; no cuenta con los medios efectivos para acudir en prevención y es común verlos llegar tarde anunciando exhaustivas investigaciones o consejos de seguridad que son más elementos publicitarios que acciones efectivas, preventivas o concretas para defender la vida y los bienes de los ciudadanos del común.

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