viernes 14 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Perniciosa burocracia

Hoy, en el mundo de las cosas fáciles, continúa persistiendo la perniciosa manía de exigir requisitos muchas veces innecesarios pues así los definió “alguien”...
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Uno de los grandes males que aqueja a los colombianos es la espantosa tramitomanía que termina por volver complicado lo que debiera ser elemental.

Esta difundida manía afecta tanto al sector privado como al público y obedece a la desconfianza que se tiene de todas las personas de la cual tratan de protegerse los funcionarios por la vía de volver complicado lo que es sencillo.

En el sector público, si bien no es justificable, puede existir alguna razón, porque cada funcionario trata de cubrir su espalda exagerando los procesos establecidos, pues por la ausencia de un requisito o de una coma en un documento, puede terminar enredado si alguien así lo desea, porque entre nosotros es muy fácil hacer de una piedra una catedral.

Es tan curioso el proceso que muchísimos funcionarios no saben por qué tienen que hacer lo que hacen, solo porque así se ha venido haciendo desde tiempos inmemoriales y cambiar no es justamente una virtud de los burócratas.

Un ejemplo son las cédulas de ciudadanía, que no sé cuántos años hace, pasaron a ser un documento único nacional; sin embargo, aún persiste la costumbre de preguntar dónde fue que la expidieron solo porque así se hacía antes y así debe continuar, aunque no tenga ninguna razón de ser.

En el sector privado el campeonato mundial lo ganan las entidades del sector financiero, pues periódicamente se debe firmar “sin salirse de la casilla” los documentos que se han inventado, la cual debe acompañarse con la impresión de la huella digital, porque para ellos todo el mundo es sospechoso de no ser, incluido el Presidente de la República.

Si usted quiere volverse importante, invéntese un documento que vuelva complicado lo que es sencillo y así tendrá la seguridad interior de haberse convertido en un perfecto burócrata. Hoy, en el mundo de las cosas fáciles, continúa persistiendo la perniciosa manía de exigir requisitos muchas veces innecesarios pues así los definió “alguien” que muy seguramente vive el mundo detrás de un escritorio, solo para atormentar a aquellos que lo vivimos detrás de una ventanilla. Bendita seas burocracia aunque nos obstaculice.

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