viernes 08 de mayo de 2020 - 12:00 AM

Poniendo todos salimos adelante

Los empresarios, que al final terminarán siendo los malos del paseo, tienen un límite hasta donde pueden llegar, traspasado el cual colapsarán
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Las relaciones de trabajo en Colombia descansan sobre tres pilares fundamentales: el Estado, los empresarios y los trabajadores y ellos generan el desarrollo social que hace viable una muy buena parte de la actividad financiera del país.

En épocas normales las tres fuerzas mantienen un equilibrio propio de toda interacción social pero en épocas críticas, como las que estamos atravesando, mantener esa armonía termina por resultar casi que imposible.

El Estado sonsaca dinero a todo el mundo sin un control específico y a través de una carga impositiva que al final termina ahorcando a las otras dos partes.

El empresario genera los puestos de trabajo necesarios para que sus colaboradores puedan tener el ingreso requerido para sobrevivir.

Los trabajadores se encargan de producir devengando un sustento cuya característica es que éste nunca será el que ellos creen merecer.

Pues bien, cuando sucede una situación como la que estamos atravesando, empiezan las dificultades al tratar de precisar quién debe hacer el sacrificio necesario para continuar.

El gobierno, que representa al Estado, sostiene que no puede disminuir los impuestos que son su principal fuente de ingresos porque entonces cómo asume los gastos que esta clase de colapsos ocasionan.

La clase trabajadora, con mucha razón, alega que no puede hacer sacrificios pues vive del salario que recibe y disminuir o renunciar a lo que ya de por sí considera insuficiente, le es absolutamente imposible.

Los empresarios, que al final terminarán siendo los malos del paseo, tienen un límite hasta donde pueden llegar, traspasado el cual colapsarán y desaparecerán, caso en el cual perderán también las otras dos partes de la trilogía, pues sin empresas no habrá ingresos para los trabajadores y sin ingresos disminuirán los impuestos haciendo fallar al Estado, lo cual sería muy grave.

Ahora bien, si en medio de esta crisis el Estado colaborara con los empresarios, no persiguiéndolos como lo está haciendo hoy, quizás podríamos pasar el chaparrón, podrían salvarse las empresas que muy pronto podrían volver a pagar los salarios restableciéndose la economía y entonces el Estado podría seguir chupándole la sangre a los unos y a los otros.

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