viernes 15 de enero de 2021 - 12:00 AM

Qué aprendimos

la planificación ordenada de las actividades... ha demostrado la posibilidad de existencia de sociedades más organizadas en un proceso de resocialización que apenas empieza
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Las dificultades sociales pueden analizarse desde la visión optimista “del vaso medio lleno” y eso es aplicable a las enseñanzas que nos ha dejado el COVID-19.

Que se vive mejor con esa disciplina social que nos enseñó el manejo de las distancias a través del modelo social; que acatar recomendaciones higiénicas como el lavado de manos, la desinfección del vestuario y el uso del tapabocas llegó para quedarse; además la planificación ordenada de las actividades a que nos obliga el pico y cédula, el toque de queda, los aislamientos selectivos y en general, todas las conductas que hemos tenido que modificar para evitar los contagios, han demostrado la posibilidad de existencia de sociedades más organizadas en un proceso de resocialización que apenas empieza, pero que nunca habíamos intentado a la escala a la que nos obligó el tema de salud.

Que el manejo de los mecanismos electrónicos ya existía, pero que por razones de su desarrollo mental nos negábamos a aceptarlo, como en el caso de la justicia que por fin entendió que valía la pena acudir al expedito uso de los medios de comunicación virtuales que permiten hacer lo mismo, en el fondo, pero de una manera diferente, en la forma.

Que es indispensable que los burócratas del Estado entiendan que el wifi pasó a ser un servicio público esencial y por lo tanto, debe llegar a todos los rincones del país si no queremos frenar el desarrollo de las gentes.

Que llegó la modificación de los métodos de compra, lo cual afecta a las grandes superficies, pues utilizando los medios digitales podemos comprar lo mismo, sin movernos de casa y seguramente a un menor costo.

Que la eliminación de los inútiles desplazamientos para cualquier diligencia administrativa, económica o social es real, muy a pesar de que ya se han encontrado fórmulas para obligar a continuar con el viejo modelo, como es el caso de la “huella biométrica” que impone la necesidad de congestionar las notarías, para citar un ejemplo.

Hemos visto el vaso medio lleno; por lo tanto, no nos quejemos y actualicémonos: es nuestro compromiso individual.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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