viernes 05 de junio de 2009 - 10:00 AM

Se muere el libro

Continuamos oyendo la discusión de si los sistemas electrónicos acabarán con los libros de papel, a los que estamos tan acostumbrados como quiera que con ellos nacimos y al paso que vamos, con ellos moriremos.

Las nuevas generaciones entraron al mundo de la lectura a través de un híbrido terrible, creado por el retraso de sus profesores, quienes les impusieron y les continúan imponiendo los textos de papel cuando  la realidad del muchacho hace que toda su actividad extracurricular gire en torno a mecanismos de tecnología de punta.

Por eso la sorpresa de mi hijo cuando se enteró de que nosotros, para jugar, corríamos kilómetros empujando un aro extraído de una llanta, y desde entonces no hemos sido capaces de hacerle entender que eso era tan emocionante como los modernos programas electrónicos que nos permiten jugar lo que queramos sin salir de la casa.

Creemos que el tema debe desarrollarse dividiendo el libro entre continente y contenido, haciendo la aclaración que no nos meteremos para nada con este último, pues los virtuales tienen la misma forma conceptual que los tradicionales.

La discusión es sobre el continente, pues las técnicas  modernas nos muestran el mismo contenido que podemos ver en el tradicional pero con más ventajas, como el poder interactuar con él y la facilidad, aquí sí absolutamente fascinante, de profundizar  buscando frases, ideas o palabras con un simple click.
La posibilidad de llevar una biblioteca consigo, es hoy una realidad al alcance de todos, pues en una memoria USB de 4 gigas, de esas que venden ya en las esquinas, podemos darnos el lujo de transportar 5.000 libros en versiones íntegras, lo cual es un imposible metafísico con los tradicionales de papel.

Se están popularizando las máquinas lectoras transportables, a las que les caben hasta 3.000 textos que se pueden llevar a todas partes como se hace con una 'palm' de las que conocemos.

La muerte del libro físico está cantada, máxime cuando estamos tomando conciencia de la necesidad de proteger la naturaleza, pues para hacer un libro común nos toca tumbar un árbol, lo que no pasa con el electrónico.



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