viernes 25 de noviembre de 2022 - 12:00 AM

Se ve de todo

Hay ocasiones en que las circunstancias nos hacen ver, analizar y sacar conclusiones como cuando, por ejemplo, cancelan un vuelo y avisan que el próximo saldrá en 6 horas, pero solicitan no ausentarse de la sala.

Seis horas en un aeropuerto equivalen, figurativamente, a tres años en prisión y como queda ese tiempo de lento trascurrir lo mejor es observar a las gentes y sacar conclusiones al respecto; por ejemplo, se puede comprobar que hoy un 95% de las personas visten trajes informales y van calzados con tenis de todas las marcas, modelos y diseños, hombres, mujeres y niños y solo llevan zapatos de cuero quienes excepcionalmente usan saco y corbata.

De igual manera, se puede observar que fácilmente un 90% lleva un morral terciado, en todos los diseños, colores y formas posibles, desde el simple y elemental unicolor hasta el que parece una fiesta regional, inclusive quienes tienen que estar con zapato de cuero. Curiosamente se evidencia que un buen porcentaje de ellos cargan esa media luna que parece una almohada recortada para evitar que en un sueño se vayan a desnucar.

Ni hablar de los vestidos; en mis años mozos, otrora hace medio siglo, viajar en avión era signo de distinción y recuerdo que nos ponían el flus, saco y corbata y nos llevaban peinados como de salón y ay de que perdiéramos la compostura, santo dios.

Hoy un aeropuerto es un carnaval en el cual cada viajero se viste como le viene en gana, desde esa pareja de medievales que no pierde su clase y distinción hasta el informal que usa chancletas, va en pantaloneta, lleva un morral que el militar se queda pequeñito.

Otro detalle bien interesante es el fenómeno de la utilización del celular que nos hace pensar como fue que logramos sobrevivir cuando el mismo no se había inventado.

Hoy, todo el mundo, sin excepción, lleva a la mano un smartphone y todo aquél que está sentado, solo o acompañado, se le ve concentrado en su aparato, absorto absolutamente en él; incluso es curioso ver al loquito que habla solo, hasta que podemos observar que no es un orate sino alguien que va conversando con otro alguien que está en algún lugar del mundo.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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