viernes 10 de julio de 2020 - 12:00 AM

Tratamiento de perro

Pues bien, ahora en tiempos de coronavirus a los muertos se les da tratamiento de perro y se les despide de la peor manera posible, lo cual hace más difícil manejar el duelo
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Todas las culturas desarrollan rituales obligatorios y desde tiempos ancestrales la muerte ha sido quizás una de esas ocasiones en que las ceremonias constituyen el último contacto con el que parte y el elemento esencial del duelo que sigue a ello.

Desde los pueblos primitivos hasta las civilizaciones avanzadas honran a sus muertos a través de ritos especiales, en los cuales los deudos se consuelan unos a otros y se dan el apoyo que tanto se necesita en esos momentos de intensa desazón.

Pues bien, ahora en tiempos de coronavirus a los muertos se les da tratamiento de perro y se les despide de la peor manera posible, lo cual hace más difícil manejar el duelo, pues ellos no tienen derecho a nada diferente a una cremación inmediata, sin protocolos y aunque eso puede ser una medida sanitaria, no deja de causar una enorme impresión en sus adoloridos deudos.

El problema es que idéntica política se está aplicando a quienes mueren por otras causas, pues se restringe el acceso a sus velaciones a siete escasas personas, llegándose incluso a tener que discutir la situación cuando el muerto tiene, entre sus inmediatos descendientes, más de esa cantidad como sucedió con alguien que alegaba que su familia estaba conformada por doce personas y por tanto, pedía se respetara el derecho que ellas tenían a rendir un tributo final al abuelo desaparecido.

En nuestra casa paterna, cuando se moría el perro, mi padre personalmente, pidiendo que nadie lo acompañara, lo recogía y lo enterraba sin pompa ni ceremonia, como se hace ahora con los humanos, producto de los desarrollos producidos por la pandemia.

Sentimos que se extreman las cosas, y cuando quien decide el cómo, es un ignorante o un fanático lleno de miedo, las prevenciones se exageran innecesariamente sin importar lo que pueden sentir los afectados sobrevivientes.

Ni tanto que queme al santo, ni poco que no lo alumbre; existen restricciones exageradas que bien podrían aplicarse de una manera diferente como se ha venido haciendo en temas de comercio, transporte y actividades recreativas.

Así tuvimos que despedir a nuestro hermano mayor.

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