viernes 12 de marzo de 2021 - 12:00 AM

Una peligrosa costumbre

Esta clase de certificaciones se conocen en el argot popular como de complacencia, solo que los jueces terminan tomándolas como plena prueba y condenan al empleador...
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Hay una costumbre peligrosísima en temas laborales y es la de falsear la verdad al momento de suscribir las certificaciones que un trabajador solicita para hacer, muchas veces, gestiones que nada tienen que ver con la empresa.

Es muy común que un trabajador le pida el favor a su empleador que certifique por escrito que gana un salario mayor al efectivamente asignado a fin de que una entidad bancaria le conceda un préstamo, o para acreditar la capacidad financiera para obtener una visa o para garantizar la capacidad de pago al comprar un producto a crédito.

Lo grave del asunto es que esa insignificancia, que no es otra cosa que una falsedad, termina convertida en una prueba incontrovertible cuando el trabajador resuelve demandar a su antiguo empleador por cualquiera que sea la razón.

El ejemplo es común: una persona que devenga un millón y medio de pesos, por ejemplo, pide a su empleador que le certifique un salario de $2.500.000 mensuales para cumplir un requisito bancario y éste ingenuo, considera inofensiva la situación, le expide la certificación correspondiente y posteriormente, cuando lo demanda, el trabajador alega ante la justicia que según certificación escrita y firmada por su empleador devengaba un salario diferente y mayor al que realmente le pagaban y por lo tanto reclama los ajustes correspondientes, que en la mayoría de los casos terminan siendo altamente onerosos.

Esta clase de certificaciones se conocen en el argot popular como de complacencia, solo que los jueces terminan tomándolas como plena prueba y condenan al empleador que ingenuamente incurrió en ese error para facilitarle la situación a su colaborador en un momento determinado.

Mentir en esta clase de constancias escritas en cuanto a la fecha de inicio de la relación laboral, en cuanto al salario devengado o frente a cualquier otra situación relativa al trabajo, termina convirtiéndose, para quien las expide, en un verdadero disparo al oído.

Ojo amable empleador: falsear la realidad en estos asuntos es perjudicial para usted, pues lo que hace de buena fe termina por convertirse en su propio calvario y por eso evite que lo cojan desprevenido.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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