viernes 02 de septiembre de 2022 - 12:00 AM

Vigilemos con cámaras

Si algo nos impresionaba era ver cómo se movía el tráfico en Calcuta, donde al parecer no existen ni normas ni autoridades que las hagan respetar y por lo tanto cada cual hace lo que necesita sin importar el perjuicio que cause a los demás.

Ahora no es necesario mirar documentales hindúes para ver cómo es porque en Bucaramanga parece haber desaparecido la normatividad vial pues cada conductor hace lo que le viene en gana sin que haya autoridad que lo obligue a cumplir porque los escasos policías de tránsito que se ven están pidiendo documentos mientras que en sus propias narices se forman esos monumentales trancones debido a la incultura ciudadana.

Y ni hablemos de las motocicletas que ahora parecen una plaga de langostas, no solo por la cantidad sino por el caos que generan; para ellas no hay normas que cumplir; por eso se les ve pasándose los semáforos en rojo, transitando por los andenes, moviéndose en contra vía, parqueando donde les provoca, sin utilizar los elementos de seguridad, llevando a más de un pato en la moto, chateando mientras conducen o moviéndose a velocidades de miedo entre carros, razón por la cual a cada momento hay accidentes muchas veces fatales.

No obstante, a estas alturas de la modernidad ya no es necesaria la vigilancia vial humana; basta montar un sistema de cámaras y así, a punta de multas, obligarnos a cumplir las normas establecidas.

La ventaja de este sistema es que es insobornable, no se sindicaliza, no cobran horas extras y funcionan 24/7 como debe hacerlo una autoridad responsable.

Se trata de instalar un sistema de vigilancia electrónica, pero hacerlo sin corrupción para que no nos vuelva a suceder lo que pasó la primera vez que se utilizó esta modalidad que terminó siendo un negocio privado lo cual llevó a su desmonte.

Ahora bien, que no nos guste es otro baile, pues cuando uno es de esos avivatos que piensa que la ley es para violarla, cualquier cosa que lo constriña le parece un atentado contra la libertad que siente tener para actuar en su propio beneficio, sin ninguna consideración.

Es una decisión política y desafortunadamente es allí donde más impera la corrupción que todo lo desfigura.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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