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Eduardo Pilonieta Pinilla
Jueves 25 de enero de 2024 - 12:00 PM

Y se murió Petrona

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La mujer del César no sólo debe ser casta sino también parecerlo; esta condición aplicada a algunas personas hace que uno se forme de ellas un concepto, que puede estar equivocado, pero es la manera de sentir de cada quien y así lo aceptamos.

Los medios de comunicación nos muestran muchísimas personas; nos cuentan cómo se comportan, razón por la cual podemos formarnos un criterio de ellas y sabemos que hay muchas que son limpias, moral y jurídicamente y no sólo lo son, sino que también lo parecen y de ahí depende su aceptación social; ahora, su evaluación depende de la óptica con que se mire, pues un buen ladrón es admirado entre los malandrines y repudiado entre quienes la sociedad consideran gente de bien, que son aquellos que se comportan como la ética manda, respetan a los demás y cumplen las leyes por decisión propia.

Existen personas que aparentan o abiertamente violan la ley, desconocen la ética e irrespetan los derechos de los demás y los medios de comunicación destacan su existencia narrando sus hazañas, pero existen otras que se camuflan socialmente, comportándose en la práctica, como verdaderos bandidos, pretendiendo que se les considere gente de bien y como tal lo reclaman a gritos.

Se puede delinquir y nunca ser procesado judicialmente y de estos casos está llena la historia de este país en que la justicia es un perro bravo que solo muerde a los de ruana; estas personas no tienen hoja de vida sino prontuario, pero posan de prohombres generosos, de redentores de la patria y de auténticos lideres de avanzada cuando no son sino marionetas de otros que están por encima de ellos, cualquiera que sea la forma como llegaron.

Pero esas personas también tienen un final como seres humanos que son y entonces vuelven a despertar toda clase de pasiones que van desde la exaltación y el llanto entre los de su clase y el repudio y algo de alivio entre quienes permanentemente los vieron al margen de la ley o por lo menos por el orillo de la misma; en esos casos la muerte termina siendo una verdadera solución social y si bien no es correcto alegrarnos por ello sí por lo menos nos corre un fresco que a veces es difícil de disimular.

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