viernes 17 de diciembre de 2021 - 12:00 AM

A parar para avanzar


los que hacemos novenas podríamos pedir la gracia que necesitamos tanto, recargando todas las virtudes citadas y añadiendo clemencia y sabiduría. (Los que no, pidan al universo).
Image
Columna de
Eneas Navas

La virtualidad, el retorno a la presencialidad con caretas y más virtualidad, el cambio de ritmos de vida y otras cosas, además de desestructurarnos, han cambiado la velocidad de la vida y es hora de detenernos, de parar para avanzar, como se gritó en las calles todo un año.

Terminando el 2021, con razón o sin ella, es probable que a muchos se nos hayan agotado la alegría, la paciencia, la templanza, la amabilidad, la bondad y otras virtudes del espíritu, fundamentales para la vida en sociedad o en soledad, antes de la hora y ahora, momento del retorno y de los festejos.

En estas fechas en las que inician los balances del fin de año anotaremos las cosas malas y las desgracias al lado de las mil peleas necesarias o caprichosas que serán parte del pasado que, por bondad de la memoria, estarán amarradas a las cosas buenas y maravillosas que también pasaron.

Aunque las sonrisas que dimos y vimos quedan anotadas en el alma y la alegría sea siempre más corta que la tristeza y esta tenga un arraigo profundo, lo que vaya a ser o tenga que ser este año viejo en nuestras vidas depende de cada uno de nosotros, y de nada sirve adjudicar culpas para reconforte, pues es nuestro pasado en el presente y es aquí y ahora donde y cuando vivimos, resolvemos y definimos el futuro.

Así las cosas, para fructificar el pare y aprovechar o recuperar el tiempo y tantas otras cosas perdidas o agotadas, los que hacemos novenas podríamos pedir la gracia que necesitamos tanto, recargando todas las virtudes citadas y añadiendo clemencia y sabiduría. (Los que no, pidan al universo).

Los que arrastran espantosos problemas como si fueran una enorme cocina, parafraseando la llegada del tren a Macondo, dejen que la inercia del vagón los lleve hasta enero, respiren, recarguen y vuelvan a empezar porque las cosas, que serán nuevas el otro año, serán las mismas y se ha de estar como nuevo.

Finalmente, a los que rezan el Padre Nuestro pidiendo el perdón divino de las ofensas, recuerden que lo están pidiendo del mismo que usted concede, no de otro.

Nota de Ene: Con tapabocas, abajo las caretas, vuelvan al ser y ¡feliz Navidad!

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Publicidad
Publicidad
Publicidad