viernes 08 de abril de 2022 - 12:00 AM

A veces no hay derecho

En este cambio de cultura en el que la negación del derecho a la vida digna hace que renunciar a ella sea una opción con amparo constitucional, las preguntas siempre serán muchas y la oposición ciega.
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Columna de
Eneas Navas

Cuando nos presentan el vaso con agua hasta la mitad para preguntar si está medio lleno o medio vacío, además de pensar que ya nos la sabemos y que es mejor verlo lleno para agradar (para parecer más optimistas y positivos), inducidos por la pregunta para formular un juicio de valor, descartamos la tercera opción tan sencilla y simple. Se trata de un vaso con agua hasta la mitad y, existiendo esta variante de percepción desprovista del juicio, podemos evitar las vueltas, ser objetivos y llamar a las cosas por su nombre y no con el que imponga la propaganda del credo y el deber ser del dogma desde el que se asignan preceptos, prácticas y conceptos.

De igual manera, cuando se hace referencia al presunto derecho al aborto, al presunto derecho a la eutanasia, inducidos desde su nominación para el rechazo y oposición pro-vida, olvidamos que se trata del derecho a la vida e integridad de la mujer, que se trata del derecho a la vida digna de las personas que padecen enfermedades terminales penosas y, especialmente, nos olvidamos de que, sin la experiencia y el conocimiento adquirido en carne o causa propia -y aun teniéndolo-, la opinión pública que se exprese debe ser discreta, prudente y sosegada, basada en el principio de alteridad o, lo que es lo mismo, entendiendo que hay otras manifestaciones del ser que sufren lo que nadie desea que sufra usted y, solo con el derecho humano aplicado, tienen la razón.

Así las cosas, visto el procedimiento de eutanasia como el reconocimiento de la imposibilidad médica y científica para garantizar el derecho humano a la vida digna, la lente de la individuarización del derecho humano nos permite, aunque exista una disposición normativa o jurisprudencial general y abstracta, entender los casos particulares en los que, con todo el valor que tiene la vida sin dignidad, la vida misma, llega a ser el problema.

En este cambio de cultura en el que la negación del derecho a la vida digna hace que renunciar a ella sea una opción con amparo constitucional, las preguntas siempre serán muchas y la oposición ciega.

Para estudiar y discutir el tema (eutanasia y aborto), se requiere paciencia, templanza y principalmente, clemencia. Tengámosla.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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