viernes 29 de octubre de 2021 - 12:00 AM

Algo pasa y no se ve

el sicariato, al que indolentemente se le quita toda relevancia con la sospecha social de que si lo mataron fue por algo, pero no reparamos en cuál es el motivo o razón de la muerte...
Escuchar este artículo
Image
Columna de
Eneas Navas

Aquí, en Bucaramanga, la Ciudad bonita, que ya debería haberse integrado para todos los efectos con Piedecuesta, Floridablanca y Girón, conformando el Distrito Especial -universitario y de salud- (que podría llamarse de Real de Minas), el ambiente de caos y profundo desorden por la improvisación del urbanismo táctico y otras acciones de maquillaje para mejorar los índices de percepción sobre el bienestar ciudadano; en estas ciudades en las que la procastinación nos pone a escribir siempre de lo mismo y se deja eternamente sin solución de fondo, entre otros tantos asuntos, el transporte público, cuyas falencias terminan allanando el camino de la informalidad o en las que se repite la historia de El Carrasco hasta el cansancio, algo está pasando y nadie quiere saberlo y, mucho menos, reconocerlo.

Así las cosas, sin desatender los problemas que nos agobian cotidianamente como colectivo social, conviene hacer una pausa y observar con detenimiento qué es lo que se esconde, es decir, ¿cuál es el problema que se encubre detrás de los problemas que nos ocupan en el día a día?

Real de Minas, como territorio que comprende los cuatro municipios metropolitanos, está afectada por el sicariato, al que indolentemente se le quita toda relevancia con la sospecha social de que si lo mataron fue por algo, pero no reparamos en cuál es el motivo o razón de la muerte o qué se está organizando o qué se organizó.

Para evidenciar el problema que no se quiere reconocer, es necesario vernos como región y, si se quiere, como una intersección vial enclavada en la mitad del país por la que pasan para uno y otro lado los intereses del oriente y los del occidente, como pasan los del norte y sur de Colombia, siempre por Bucaramanga, el mejor vividero. (¿Mejor vividero para quién, para quiénes o para qué?)

En todo caso, la percepción de las autoridades y de la ciudadanía está distorsionada por el paisaje cotidiano y, aunque se gestionan paliativos por soluciones para los problemas visibles, lo invisible sigue ahí, detrás de Metrolínea y El Carrasco, detrás de los allanamientos, el microtráfico, el porte de armas, el enriquecimiento repentino indebido, el sicariato, las amenazas, el incremento de consumo de sustancias psicoactivas y, hasta el estratégico litigio.

Próximamente: Lo Invisible.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Publicidad
Publicidad
Publicidad