viernes 09 de octubre de 2020 - 12:00 AM

Amaneció... Y estamos viendo

Con el retorno a la anormalidad cotidiana llega nuevamente el peligroso reguetón a los parques para acompañar las jornadas deportivas, remplazando el canto de las aves...
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Columna de
Eneas Navas

Con gran rapidez se pierde la esperanza de que el tiempo de restricciones y sacrificios a que nos sometieron y nos sometimos durante la Covid 2020 hayan servido para algo o para todo lo que en algún momento se creyó que iban a servir, no solo por el hecho de los rebrotes y tasas de contagio que ahora en la reapertura siguen en niveles peligrosos y prácticamente desapercibidos, sino por las pequeñas acciones, actitudes y costumbres que ahora desaparecen con precipitación y que habían generado grandes cambios positivos en la sociedad y en la naturaleza.

Así las cosas, a manera de ejemplos, con el retorno a la anormalidad cotidiana llega nuevamente el peligroso reguetón a los parques para acompañar las jornadas deportivas matutinas, remplazando el canto de las aves que podría ser lo de menos, pero también desaparecen los delfines de las playas a las que regresaron ya los bañistas; las basuras volvieron al piso; las motos se apropiaron de las ciclovías y estas de la ciudad sin biciusuarios suficientes; los índices de contaminación ambiental recuperan ágilmente los números perdidos; la accidentalidad vial crece de manera alarmante; los vehículos salieron de sus garajes para recuperar los preciados andenes para el parqueo y los peatones al asfalto (mientras los parqueaderos siguen en crisis económica); la inmovilidad muestra la insuficiencia vial de las ciudades y, en fin, todo vuelve a ser igual y nada ha cambiado.

Más extraño aún, el proceso migratorio de la fuerza pública que había encontrado su hábitat en los parques para vigilar el uso del tapabocas, se aceleró con la llegada de los ladronzuelos, por lo que hoy no se ve la presencia y la acción de esta especie verde en las zonas de su mismo color.

Entonces, los que pensamos en el cambio, los que creímos que el uso del tapabocas acostumbraría a los futbolistas a no escupir sobre la cancha después de una emocionante jugada de gol, los que creímos que los deportistas de cannabis seguirían siendo tan discretos como en el aislamiento y no regresarían a los parques familiares de la ciudad y pensamos que algo iba a cambiar en el comportamiento social nos equivocamos.

Sin embargo, aún queda 2020 por cortar y la versión del Covid 2021 por venir con sus rebrotes, por lo que la reflexión sobre el cambio al deber ser natural para la convivencia sigue siendo una opción que podemos llevar a la práctica.

Nota de N: Lo que el aislamiento trajo la reapertura se lo llevó.

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