viernes 23 de octubre de 2020 - 12:00 AM

Columna, en paz

Por su contenido y alcance, además de ser garantizado por el Estado, el derecho a la protesta debe ser respetado por la población.
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Columna de
Eneas Navas

El discurrir de la protesta social del pasado 21 de octubre en el que participaron más de 30 organizaciones civiles, cívicas y comunitarias en el Área Metropolitana (a la que sigo llamando “Área Metropolitana de Real de Minas”) han demostrado con suficiencia la posibilidad de que las marchas, plantones y manifestaciones compartan armónicamente los espacios ciudadanos con la mínima afectación de la cotidianeidad, o sin perturbarla.

Aunque el éxito debe anotarse a favor de los manifestantes que demostraron un comportamiento ejemplar e intachable gracias a sus propias medidas de control social, seguramente inspirados en el poder de la razón de la Minga indígena, habrá de anotarse el aporte de las autoridades locales que con excelente preparación coordinaron la disponibilidad de los espacios y acompañaron, literalmente, el proceso democrático que denunció riesgos y afectaciones sobre los derechos propios y de terceros, reclamó la acción de las autoridades de los tres poderes y advirtió amenazas sobre derechos colectivos, especialmente en el oriente de las ciudades conurbadas desde Santurbán hasta Mensulí, pasando por el Cerro de la Judía en el que el ecosistema que nos enorgullece se encuentra en riesgo por el mal llamado desarrollo vial, sin dejar de mencionar la alerta en la vereda “Chocoa” en la que el relleno sanitario quiere abrirse camino.

En todo caso, es pertinente recordar que la protesta social es un derecho humano que contribuye al pleno disfrute de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, pues su objetivo primordial es incidir en las instancias de poder y, por su contenido y alcance, además de ser garantizado por el Estado, debe ser respetado por toda la población.

Aunque no se registraron hechos de violencia relacionados con la protesta, seguramente el sector comercial y algunos ciudadanos tengan reparos contra las jornadas que siempre deberán ser escuchados por las autoridades para seguir buscando el equilibrio perfecto que nos permita la convivencia pacífica y armónica.

Nota de N: acuso recibo del bastón de mando (palo de cafeto del cerro de La Judía, adornado con cintillas verdes y rojas, elaborado por María Vega), que nace y se posiciona como el símbolo de la defensa del medio ambiente regional.

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