viernes 29 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Derecho a marchar

los ingredientes para el éxito de la protesta y la catástrofe son los mismos...
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Columna de
Eneas Navas

Aunque en el estricto sentido jurídico se puede establecer una pirámide de derechos en los que unos tienen mayor relevancia que los otros y por lo mismo primacía, en el campo de la marcha de una protesta, allá en las calles y en los tableros de opinión de las redes sociales en donde todo se confunde, es tan importante el derecho a la salud, el derecho a la educación y la vivienda, como el derecho a la propiedad representada en las fachadas y a la movilidad, por lo que la legislación buscará el momento propicio para reglamentar la marcha que, dicho sea de paso, ya está reglamentada en su expresión de protesta, derecho de reunión y manifestación pública y pacífica.

Sin embargo, este derecho de expresión que tiene límites legales claramente establecidos (sin violencia y con objetivos lícitos), no ha podido encontrar los límites cronológicos, pues los esfuerzos de los manifestantes y de las autoridades para mantener el evento dentro de los parámetros legales, sin afectación de terceros, se ven frustrados por la actuación de unos pocos que pintan las paredes en el recorrido y, al terminar la manifestación, después de su conclusión real, desbordan el trabajo de otros con actos vandálicos, llevándose por delante el éxito de la expresión original y legítima que la convocó y dejando el sinsabor del desorden público.

No obstante lo anterior, estos actos reprochables que desdibujan la naturaleza de la marcha, deben seguir estando en el último lugar de percepción y difusión para no perder el enfoque, pues en la democracia participativa y pluralista, la demanda o exigencia que se formula es lo verdaderamente importante.

También queda en el olvido, pues no hay nada para recordar, todo lo que se evita y previene. Nadie va a contar los enfrentamientos que no sucedieron o los heridos que no se hirieron, ni se enterarán de quién o quienes los evitaron, como tampoco contarán las vitrinas que no se rompieron o los saqueos que no lo fueron y esto, después de la razón y objetivo de la protesta, es lo más importante.

Insisto: los ingredientes para el éxito de la protesta y la catástrofe son los mismos... están puestos... y, (corrijo) después del pitazo final, es cuando el asunto se complica.

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