viernes 15 de octubre de 2021 - 12:00 AM

El peligro, de estar vivo

Colombia es uno de los países más felices del mundo, donde negar lo anterior es terrorismo
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Columna de
Eneas Navas

Leyendo públicamente a Juan Manuel Galán, para Vanguardia, -columna del 12 de octubre- en la que se concluye que Colombia es el país más peligroso del mundo para ser joven porque, entre otras razones, allí enlistadas, se dice (y es cierto) que no se tienen oportunidades ni garantías para hacer efectivos sus derechos; la lectura dirigida a jóvenes estudiantes de los que Galán esperaba su opinión, fue interrumpida por un adulto menor, -acompañado de su padre- nos dice: (antes de que su papá de 66 años se quejara de la falta de garantías para la efectividad de los derechos del adulto mayor, comentara su caso pensional y se enfureciera contra el sistema de salud), que a su edad - 55 años-, no hay oportunidades laborales y el emprendimiento le es imposible, pues finalmente no pudo ahorrar el capital inicial y, además, las condiciones laborales incluyen una contradictoria exigencia: tener menos edad, pero más experiencia, especializaciones o maestrías.

Tan emotivas resultaron las intervenciones de los improvisados interlocutores, que el abogado, sentado en la otra mesa, reclamó para sí mismo y su gremio el nefasto horror de ser el más amenazado por ejercer la profesión más peligrosa del mundo sin importar la edad, causando la risa de su compañero de tinto, que al parecer es comerciante o ganadero, quien reclamó por la inseguridad que le afecta, no solamente en el campo sino en la ciudad, sin dejar de lado la queja contra el sistema financiero que lo está embargando por una deuda.

En estas iba el asunto cuando la lectura ya se había tornado en conversatorio con moderador espontáneo, pues entre las intervenciones se escucharon asentimientos en las causas y disensos de otros grupos entre los que conté mujeres reclamando, -con justa razón- el hecho de que en este país y sociedad, no se puede ser mujer y, lo que es peor, tampoco pueden dejar de serlo, nos estaban diciendo... cuando un niño de ojos tristes pidió una monedita por amor a Dios y, aún sin ella en su mano sucia, trajo un silencio profundo que nos obligó a cruzar miradas y a guardar palabras, recordándonos que Colombia es uno de los países más felices del mundo, donde negar lo anterior es terrorismo.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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