viernes 16 de octubre de 2020 - 12:00 AM

El viejo truco

la única protesta pública que goza de amparo constitucional es la pacífica... Aunque haya quien proponga el viejo truco del infiltrado.
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Columna de
Eneas Navas

Pudiéramos decir que la protesta social siempre es bienvenida, pero no sería del todo cierto ya que esta es realmente el grito desgarrado y desesperado de quienes no encuentran solución a sus problemas fundamentales o de quienes no son escuchados o atendidos y es, para todos, físicamente la última instancia pacífica de expresión cuando se ha vulnerado, amenazado o desconocido, un derecho específico.

Las marchas y plantones, -protestas dinámicas y estáticas-, además de alterar la movilidad y otras actividades de las ciudades terminan polarizando a la ciudadanía entre los que apoyan la gesta y los que la censuran y descalifican, pero unos y otros coinciden en que la protesta, la marcha y el plantón son válidos cuando es un derecho propio el involucrado o, lo que es lo mismo, solamente cuando les afecta directamente, es decir que, en definitiva, siempre será válido protestar en un marco de respeto en el que se justifica el sacrificio o afectación de otros derechos propios o de terceros, con un fin constitucional y humanamente válido.

No es posible estigmatizar a un manifestante como vago y desocupado cuando su reclamo se deriva, a manera de ejemplo, de un fallido proceso de solicitud para la atención ante el sistema de salud en el que le retardan la autorización de órdenes médicas, (si es que se las han dado), o se las autorizan en una IPS que no presta el servicio o que prestándolo no tiene agenda para el año, o cuando ha tenido que acudir a la tutela para lograr la orden de atención y aún así la prestación no se proporciona, dando vía libre al desacato, al arresto de quien incumple la orden y, finalmente, además de la queja ante la superintendencia y la oración al santo predilecto, al denuncio por fraude a resolución judicial y aún así, nada pasa.

No obstante, es pertinente recordar que, aunque la protesta tiene sustento constitucional en las libertades de asociación, reunión, expresión y opinión, estas deben estar precedidas del agotamiento de instancias de diálogo y de la aplicación del principio de alteridad, (conciencia sobre los terceros no manifestantes) y, principalmente, que la única protesta pública que goza de amparo constitucional es la pacífica... Aunque haya quien proponga el viejo truco del infiltrado.

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