martes 23 de agosto de 2022 - 12:00 AM

Gracias... todo va bien, to

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Columna de
Eneas Navas

Mi padre, (Pablus Gallinazo), a propósito del editorial de Vanguardia del pasado viernes 19 de agosto me dijo algo así como: Ene, pase por mi casa como el viento, venga cuando quiera y llévele mi voz a los que luchan, viven y escriben más allá.

Obediente al llamado como siempre o casi siempre, pasé el sábado y después de entregarme una taza de café de cuncho, una libreta de notas y un lápiz, me dijo copie... y entonces copié lo que dictó para decir en su nombre. Dijo: “Ayer a primera hora me sorprendieron las congratulaciones por mis inesperados ochenta años con unas palabras amorosas que me parecen provenir de un señor esbelto, sonriente y complacido, con aire de propietario, que se recuesta contra una bobina de papel de su querido periódico: Alejandro Galvis Ramírez. Pero él, con quien me hubiera gustado compartir edad, ya no está. Entonces no me queda otra explicación: que fue la familia, sus hijos y sus fidelísimos periodistas y trabajadores, quienes hicieron posible el inefable homenaje que consiste en colocar en lo más alto de sus columnas, más allá, más arriba de los titulares, mi nombre en su nota editorial”.

Mientras seguimos con el café y llegamos a los granos molidos en la taza ya fría, nos quedamos tratando de recordar mi primera visita a Vanguardia Liberal en 1971 y la irrupción de una docena de aprendices literarios que, a mediados del siglo pasado, con humildad y soberbia, se tomaron las páginas del diario como columnistas bajo el nombre de “La Academia”. Entonces pasaron por la memoria Álvaro Navas, Augusto Pinilla, Luis Lloreda y Carlos Gómez... cada recuerdo endulzado con las memorias de Don Alejandro Galvis Galvis y Alejandro Galvis Ramírez, que para él siempre será Cuco.

Fumando un cigarrillo a escondidas de Tita que aparenta no enterarse, y ya con la segunda de café, tomó la libreta para leer lo trascrito, me volvió a enseñar lo importante del editorial de un diario y siguió dictando: “Sé lo que eso significa y lo sabemos, reconocemos y agradecemos mi viejo corazón, Eneas y yo”. Tras una pausa de silencio largo y cómodo con un gesto en la mano, ordena la nota final: “Un millón de gracias, VANGUARDIA, siempre serás mi casa.”

Al final, antes de irme, me preguntó: ¿Y cuándo será que pondrán energía eléctrica en las veredas extremas de Lebrija?

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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