martes 30 de agosto de 2022 - 12:00 AM

Igualdad de género (I)

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Columna de
Eneas Navas

Cuando se habla de desigualdad de género en perjuicio de la mujer, nuestros sentidos y memoria se concentran automáticamente en las que conocemos (exitosas, independientes, empleadas, emprendedoras y empoderadas) y terminamos dudando del reclamo y de la necesidad de apoyarlas en su discurso. Para confirmarlo miramos a nuestro alrededor y las vemos ahí, felices y radiantes con sus parejas unas, con sus hijos las otras, solas las que quieren, iguales a los hombres... y concluimos negando o subestimando el problema que la segregación real representa. Olvidamos que las procesiones, sin distingo de género, van por dentro.

No en vano el quinto Objetivo de Desarrollo Sostenible propone como meta lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y niñas para construir un mundo pacífico, próspero y sostenible que en Colombia, hoy, es parte fundamental y humana de la paz total, pero para esto primero tenemos que mirar para el otro lado y ver que en la Colombia profunda, en la otra Colombia, el matrimonio precoz libre o forzado, la prohibición marital de trabajo, la violencia por el hecho de ser mujer, la falta de autonomía para que tomen libremente decisiones sobre su vida sexual y reproductiva existen, las afectan y las discriminan o, lo que es lo mismo, las mujeres de las que regularmente sabemos y conocemos, no son todas.

Un importante paso para el logro de la Paz Total es el de reducir las semanas cotizadas necesarias para que las mujeres puedan tener acceso a una pensión, pues el aparente beneficio que propone la menor edad actual con relación a los hombres, por sí sola, sin este complemento, ha sido más discriminante. Actualmente, mientras los hombres cuentan con 62 años para cotizar en su vida laboral 1.300 semanas, las mujeres, en menos tiempo, deben alcanzar la misma meta en condiciones de desventaja por empleabilidad, permanencia, continuidad y otras causas.

Seguramente la discusión se dará en torno al número de semanas partiendo de estudios de sostenibilidad fiscal y eficiencia del sistema y no desde dónde debería partir que es del número de mujeres que no lograron su pensión por el mayor esfuerzo impuesto al exigirles que deban cotizar un promedio de 33.3 semanas al año, mientras los hombres, con más calma, tiempo y condiciones biológicas, políticas, sociales y culturales, más favorables, solamente deban cotizar veintinueve semanas y media.

El camino a la igualdad de género es largo... y culebrero.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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