viernes 05 de julio de 2019 - 12:00 AM

La ciclorruta que veremos en veremos

hay que apostarle a que el que camina compra más que el que aparca frente al negocio... es más probable que el ciclista vea la vitrina
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Columna de
Eneas Navas

Es muy probable que próximamente se profiera una orden judicial, que en defensa del orden y la legalidad, impida el desarrollo del proyecto de ciclorrutas con algunos de los trazados propuestos y ya contratados por la administración municipal; y más probable aún el que mientras el fallo o la medida provisional que adopte el juez se apela y se revoca o confirma, la caldera de la opinión ya estará atizada y habrá polarizado el debate público, reforzando algunos mitos sobre el efecto de la ciclorruta en las ventas de comerciantes y la depreciación de los inmuebles, y otras realidades como lo es el que quien permite el paso de una ciclorruta por su calle pierde el “derecho” a violar la ley contra el parqueo en vía pública frente a su casa o negocio.

Las normas, al contrario del dicho popular, son para respetar y cumplir y, cuando no se ajusten a la realidad, también son para cambiarlas ajustándolas a las necesidades del desarrollo, en este caso del desarrollo sostenible y sustentable que demandan el medio ambiente y la naciente cultura del transporte no contaminante, pero mientras la norma exista (el Plan de Ordenamiento Territorial), se respeta.

Contra la idea de la baja en las ventas, hay que apostarle a que el que camina compra más que el que aparca frente al negocio y que es más probable que el ciclista vea la vitrina, se detenga y, por lo menos se antoje, a que el conductor de un carro se ocupe de una cosa distinta a mirar al frente y vigilar los espejos. Nadie mejor que el comerciante (como enseñaron los fenicios) sabe vender y cambiar con la dinámica de la sociedad.

Con la buena noticia de la creación de más ciclorrutas nos alegramos muchos, y podríamos ser todos, si hacemos las cosas al derecho. Primero la información al ciudadano sobre la idea, después la deliberación pública que llaman “socialización” y que no debe ser protocolaria, sino real; después el diseño para proponer el ajuste del POT con visión de 30 años de desarrollo y al final, entonces sí, la contratación.

Nuevamente todos saben lo que hay que hacer, pero se ignora el cómo y ojalá me equivoque yo, pero acierte el juez.

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