martes 03 de octubre de 2023 - 12:00 AM

Eneas Navas

La República de los libros

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Columna de
Eneas Navas

Rodeados por elocuentes prisioneros que se estrenaron en La Feria de Libro en Bucaramanga, mientras en la voz de sus autores se escuchaban las semblanzas y se leían y comentaban solapas, solapadamente, el libro digital (biblioteca liber), en un acto de inteligencia artificial simulada y libre, en nombre de sus libros, proclamó la excepción de las reglas de cabo segundo, ascendida aquella, a regla general.

En este espacio, los libros libres libraron una batalla que, aunque no es el fin de la guerra, cierra el prolegómeno babilónico de su liberación, con la declaración fundacional de La República de los Libros, en la que ellos, como seres vivos, sintientes, ahora desencuadernados, digitales o electrónicos, en nombre de sus antepasados de piedra, madera, papiro, pergamino y papel, rompen filas de finita o inasequible biblioteca y de colección decorativa de anaquel para rebvelarse demandando la libertad de las prisioneras “negras y de sus hijitas, las negrillas” como dijo el Dictador de la Red-publica, en restitución.

Aunque el estado de la Redpública está dividido en territorios autónomos delimitados por portadas y contraportadas o contados por tomos, no hay restricciones para circular libremente de un título a otro, excepto cuando la referencia hipervincular deba llegar a un libro prisionero o algún inédito por lo que en el acto fundacional, el Dictador, en su oficio de dictar, prescribió la proclama para “liberar a los libros que ya no se imprimen porque los amos de los derechos de autor, esperan una nueva oportunidad de negocio permaneciendo prisioneras e incomunicadas (las obras), con sus legítimos dueños, los lectores del mundo”.

Así, entre los propósitos de la Redpública se cuenta el reconocer a Bucaramanga como la ciudad Autora del mundo; el propender por la liberación de los derechos de los libros vetados y prisioneros para su integración a la red pública; reconocer la inmortalidad del libro publicado, público y popular y la de multiplicar los libros en todos los espacios de ciudad, especialmente en las cárceles, escuelas, colegios y universidades en las que, así, no habrá prisioneros.

Para ser Cenador de la nacida república, habrá de cenarse un libro de vez en cuando para descubrir que en su intrincado tejido se puede saltar de un libro maravilloso a uno encantador o, en el mejor de los casos, a uno de sus 70 diccionarios de occidente, residentes todos en la biblioteca de El Libro Total, recordando siempre que, quien pisa https://www.ellibrototal.com es Cenador.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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