viernes 12 de julio de 2019 - 12:00 AM

Las banderas del partido

Necesitamos más participación, más educación, menos rabias y eso sí, reflexión y acción
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Columna de
Eneas Navas

Hay más goles de los que podemos ver en contra de la legalidad, tras las banderas de quienes luchan contra la corrupción, por lo que se necesita reflexión y acción. El exceso de euforia y entusiasmo distraen la concentración necesaria para enfrentar la lucha por la legalidad, que es contra la corrupción y, tras confundir el pensamiento, desvían las acciones ciudadanas a batallas inicuas de las que solamente queda el odio y el resentimiento que nublan el juicio, entorpecen las acciones y no nos dejan ver o actuar, o peor aún, nos aíslan de la obligación de participar en asuntos de política y administración del Estado. Las banderas de los hinchas del Atlético Nacional, en 1988 cuando fui por última vez al estadio, me impidieron ver dos de los tres goles de la clásica jornada dejando para las repeticiones en el noticiero el detalle del final, que es la fiesta del fútbol. El recuerdo me deja ver a Higuita en la mitad de la cancha y, si mal no evoco, de la nada la máquina verde del fútbol con Usuriaga y Escobar armaban una jugada que desembocaba para mí, antes del gol y desde la tribuna, en una nube verde y blanca de banderas, en el estruendoso grito de la victoria y mi frustración por no haber podido ver el gol.

De esa misma manera hoy las banderas de tantas protestas y partidos que se agitan contra la corrupción y el ruido excesivo de la indignación y la ira distraen e impiden ver lo que pasa más atrás, más adelante o en otro lado, allí, donde el juez de línea conversa con el técnico contrario y el aguatero pasea sin rendir cuentas a nadie. En la mayoría de los casos nos enredamos con los distractores, que son estrategias prediseñadas para desviar las acciones de control y dispersarlas, unas veces como cortinas de humo que impiden profundizar en detalles sobre los problemas, quedándonos en la protesta inocua en redes sociales, en el insulto, en lo fácil que es odiar, enfurecer y dejar de participar como ciudadanos. Las astas sin bandera, en cambio, son lanzas que hacen barrera de defensa contra la infantería y son la línea de ataque que deja a los arqueros el campo de visión para detectar esos movimientos imperceptibles con los que se arman las jugadas de gol que se le hacen a la institucionalidad y desangran el presupuesto. Necesitamos más participación y control ciudadano, más educación, menos rabias y poca euforia, pero eso sí, mucha reflexión y más acción.

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