viernes 22 de abril de 2022 - 12:00 AM

Luz al final del túnel

Existe una luz, podríamos decir, pero aún no se sabe si es la del final del túnel que anuncia la muerte del transporte masivo o es la de la solución
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Columna de
Eneas Navas

Desde el Jueves Santo, cuando el obispo bendijo los santos oleos, en el área metropolitana de Bucaramanga se esperaba que en la semana de pascuas que concluye se aplicaran estos a la moribunda Metrolínea en su etapa terminal, pero con el anuncio de la posible llegada de una flota eléctrica para el rey (servicio público de transporte masivo), con un costo aproximado de doscientos mil millones de pesos, se nos hace saber que su agonía será prolongada hasta el día en que el rey abdique o se confirme el caos.

Si bien es cierto que el Área Metropolitana de Bucaramanga (la que debería ser Área Metropolitana de Real de Minas), tiene hoy una clara visión de la problemática real del transporte público y realiza ingentes esfuerzos de reestructuración y recuperación, la solución no está en sus manos, pues los problemas y situaciones que bajaron a los pasajeros del sistema, continuarán vigentes sin el apoyo de las autoridades de policía para brindar seguridad en las estaciones y vehículos de Metrolínea y sin la coadyuvancia de las autoridades de tránsito de los municipios conurbados en donde cada uno tira para su lado, negando la coordinación del plan rescate de la movilidad.

Qué bien nos vendría un trimestre de comparendos pedagógicos sin repercusiones económicas para recuperar la conciencia de los actores viales, peatones, pasajeros, ciclistas, motociclistas y automovilistas, entre otros posibles, recuperando la movilidad y con ella los tiempos de viaje que tantos pasajeros alejó.

El área metropolitana requiere de trescientos nuevos agentes de tránsito y de la implementación de tecnologías para el control, porque los nuevos equipos que ingresarían al sistema de transporte masivo, aunque sean muy ecológicos, se quedarán sin pilas y sin pasajeros en los trancones de la metropolitana.

Así las cosas, la modificación al Plan Maestro de Movilidad Metropolitano, sin una orden de autoridad que siembre cultura de respeto, sin el incremento de capacidad operativa de tránsito, sin vías para mover los equipos y sin seguridad en los buses, es letra muerta o peor, indicadores que se cumplen a la topa tolondra.

Existe una luz, podríamos decir, pero aún no se sabe si es la del final del túnel que anuncia la muerte del transporte masivo o es la de la solución.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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