viernes 11 de junio de 2021 - 12:00 AM

Más allá del deber

la acción del defensor de derechos humanos en beneficio de sus prohijados no puede desconocer los derechos humanos de otros con su palabra, obra u omisión.
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Columna de
Eneas Navas

Los defensores de derechos humanos son personas que, independientemente de su pertenencia a un grupo o sector específico, determinados o determinables, protegen, promueven y defienden la vigencia y aplicación de estos derechos, pero realmente no lo puede ser todo el mundo, cualquier persona o cualquier grupo ya que, de una parte es necesario que su actuar en defensa de los derechos respete los derechos humanos de todas las personas, sin distinciones, incluso los que están en cabeza del agresor o perpetrador y, de otra parte, ellos se conocen y reconocen por sus actos positivos para la defensa y protección real y efectiva en un marco de respeto por el derecho de sus protegidos y, obligatoriamente, el de terceros. En una palabra, se reconocen por su objetividad y, si se quiere otra: imparcialidad.

Así las cosas, una persona que defienda uno o varios derechos humanos de una o varias personas asociadas o no, es un Defensor de Derechos Humanos, pero su falta de parcialidad y subjetividad desdibujan su distinción hasta hacerla desaparecer y equipararla a la de agresor de derechos de terceros o, en otras palabras, la acción del defensor de derechos humanos en beneficio de sus prohijados no puede desconocer los derechos humanos de otros con su palabra, obra u omisión.

Un aspecto adicional que categoriza a los defensores en su efectividad es el que la defensa se ejerce de manera tranquila, sosegada y clara, pues el reclamo o denuncia, exigencia o petición acalorada, alarmista, descontextualizada, apresurada, airada, irrespetuosa y agresiva, se convierte en el primer obstáculo para el cumplimiento de su fin principal, cual es que cese la amenaza o violación.

Nunca podría invitarse a quien se diga Defensor de Derechos Humanos para que abandone su actividad por falta de objetividad y parcialidad, pero sí recomendarle que, cuando se haga llamar así, entienda la dignidad que esto implica y propenda por la protección de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales de toda la población entendiendo que no todos los habitantes están en la protesta que protege y acompaña; que hay terceros afectados dignos de respeto en sus derechos y que su lenguaje de discusión debe ser coherente con su actividad... y no estigmatizar, ni siquiera, a sus estigmatizadores.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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