viernes 17 de junio de 2022 - 12:00 AM

Políticas y retazos

Es necesario advertir el peligro que encarna la privatización de las cárceles y penitenciarías en las que los procesados y condenados serán el bien más preciado para desangrar el erario con las prácticas corruptas
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Columna de
Eneas Navas

El pasado 18 de mayo se unió a la colcha de retazos de la política criminal penitenciaria democrática y preventiva de nuestro Estado social de derecho, la Ley 2208, promulgada como la de las segundas oportunidades, engranaje suelto en un desordenado sistema en el que las primeras oportunidades son escasas y en el catálogo de soluciones se prioriza la criminalización, se abusa de las medidas de aseguramiento intramural y, ante el hacinamiento, se prefiere la construcción de más cárceles que, obviamente, si se terminan, se inaugurarán un día antes de hacinarlas.

No obstante lo anterior, debe reconocerse el avance normativo y el imprescindible aporte que hará el sector privado para la construcción de un mejor país, pues esta norma permitirá que toda persona que haya sido privada de la libertad mediante sentencia por la comisión de un delito y que ha recuperado su libertad de conformidad con la legislación vigente o se encuentra cumpliendo pena con permiso de trabajo, libertad condicional o suspensión provisional de pena con autorización de trabajo, podrá tener acceso a ella y los empresarios a los beneficios de la norma, remuneratorios por la no discriminación.

Mientras seguimos adelante en la construcción de cárceles y retazos de políticas, destacando que en Colombia no existe política criminal y penitenciaria -porque no existe- y, además de resaltar que el eje de la Ley 2208 no es el pospenado sino las empresas y la reactivación del empleado esclavizado a bajo precio o a precios competitivos con el arraigado subempleo, es necesario advertir el peligro que encarna la privatización de las cárceles y penitenciarías en las que los procesados y condenados serán el bien más preciado para desangrar el erario con las prácticas corruptas del negocio de la libertad.

La perversa privatización carcelaria que se gestará como solución en Colombia, es el octavo infierno que se revela en la oposición de intereses estatales y privados en dónde se enfrentará el propósito de disminuir la criminalización, el de evitar los abusos de las medidas de reclusión, el interés de rehabilitar o resocializar reduciendo la población carcelaria con el fin supremo y congénito de las empresas privadas: que se quedan en rendimientos + beneficios.

Sin primera oportunidad, aún queda el procesado (sindicado), absuelto.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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