viernes 07 de junio de 2019 - 12:00 AM

Súbditos de la elección

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Columna de
Eneas Navas

Por definición la propaganda propaga doctrinas, ideas u opiniones y así queda diferenciada de la publicidad que, por enunciación, consiste en anuncios de carácter comercial para atraer a posibles compradores, espectadores o usuarios.

Por lo anterior, los asuntos políticos deben difundirse naturalmente con propaganda, pero el mercadeo ha creado, para desgracia de la humanidad, el “marketing político” que empaqueta a candidatos como productos en atractivas cajas de colores, con letras grandes que anuncian sus bondades, etiquetándolos con el arquetipo de moda u oportunidad según sea necesario el cambio, el bienestar, la estabilidad y en algunos casos más agresivos, ensalzándolos como el vengador que usted quiere y necesita.

La venta de estos candidatos se sustenta con discursos racionales y emocionales que activan el instinto de supervivencia, diciendo lo que cada uno quiere escuchar y dejando los vacíos conceptuales que el inconsciente colectivo completa para terminar de capturar la emoción.

Así las cosas, para esta temporada de venta de imágenes y candidatos, recordemos que la publicidad es engañosa, que ella ha vendido guerras y cigarrillos y de esta manera ha traído a nuestras vidas artículos inútiles, innecesarios y hasta dañinos, por lo que no resulta extraño que lleve al poder a ineptos, mentirosos y bribones, aunque también, muy de vez en cuando, a personas rectas y honradas, con principios y valores orientados al bien común, de tal manera que en todo esto la responsabilidad se deposita finalmente en el elector.

Para afinar la puntería en la elección y salvar su responsabilidad como elector, no coma cuento. Repase la historia de vida del candidato y de su patrocinador, y concéntrese en los programas de gobierno inscritos, buscando en ellos los verbos que obligarán las acciones de gobierno y piense mucho cuando encuentre el típico esquema de procurar, (sin lograr); propender, (sin compromiso) o gestionar, (sin resultados), pues ahí está el más de lo mismo.

También lea la letra pequeña en la que se describe el valor ético y nutricional del candidato para la sociedad o, en su defecto, el contenido de grasas saturadas, colorantes, componentes sintéticos, prontuario y, principalmente, lea las contraindicaciones relacionadas con la administración pública y sus recursos, que son sagrados.

La serpiente vendió la manzana con publicidad y la propaganda del establecimiento, que enseñaba la doctrina, se olvidó en el momento de elegir. Recuerde que usted es libre de escoger y que por ello será súbdito de su elección.

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