viernes 22 de mayo de 2020 - 12:00 AM

Y no lo digo más

Entre tanto, mientras toman el sol unos y otros con su propia soledad, insisto en las burbujas sociales como el primer paso para la reactivación social
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Columna de
Eneas Navas

Se anuncia la flexibilización del confinamiento para las personas mayores de 70 años y para los niños de todas las edades en horarios definidos, preferiblemente diversos a las horas concesionadas para la práctica de ejercicio y contemplación de otros grupos, asunto que le pondrá más reglas al tute, es decir, que muy seguramente invitará a los administradores territoriales a redefinir horarios y tiempos de salidas, enredando más la cabuya, aunque esperemos que no y aguardemos a que amanezca para ver, resaltando que salir a una o dos horas de sol, no es reactivación social.

Entre tanto, mientras toman el sol unos y otros con su propia soledad, insisto en las burbujas sociales como el primer paso para la reactivación social, que permite a pequeños grupos sociales sanos el reencuentro, bajo normas de autocuidado y protección, trasladando la responsabilidad institucional a ellos pues, no hay otra forma de hacerlo ni mejor momento, ya que la paciencia en el aislamiento se está acabando.

Tengo la certeza de que este es el momento de crear las burbujas para que, en su ejercicio práctico, esos grupos pequeños, de no más de diez personas exclusivas, hagan un pacto de comportamiento que refuerce el deber ser de la prevención, adoptando protocolos que incluyan el quitarse los zapatos para ingresar a los espacios privados y ver a los seres queridos con amor y sin contacto, entre otras recomendaciones.

Sin embargo, las dudas sobre el grado de responsabilidad de las personas son el obstáculo para su implementación, ya que desde el confinamiento las cosas se ven distintas a como se presentan en las calles en las que, el tapabocas no se usa sobre nariz y boca, se quita y pone con frecuencia, se deja y hasta abandona en cualquier lugar, aumentando el riesgo de contagio. El exceso de confianza es tan peligroso como el virus.

Así las cosas, la reapertura social solo es posible con autocontrol, autocuidado y autoprotección pues no hay policía pa’ tanta gente. Esta medida depende entonces de la responsabilidad individual, de la adopción de costumbres nuevas y protocolos; depende de cada uno de nosotros y no de la imposición normativa o de la fuerza policial.

Mi próxima columna sobre este tema se titulará ¡Se los dije!

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