Publicado por: Epistolas Laicas
Nuestro sistema de gobierno, compuesto por empleados oficiales cuyos comportamientos ya conocemos hasta la saciedad, nos tiene acostumbrados a resolver los problemas nacionales por modas y tardíamente. Hoy están de moda las balas perdidas y sus funestas consecuencias; ayer estuvieron de moda el maltrato y asesinato de mujeres; antier el rapto de menores; tras-antier San Andrés y así sucesivamente.
Vienen entonces los Consejos de Seguridad, no como medida preventiva sino como reunión de chismosos cuando ya no hay solución ni reversa a lo acontecido. Aquelarre de plañideras para murmurar sobre la leche derramada. La vergonzosa justicia, tardía siempre o ausente, propicia el caldo de cultivo para la venganza, la intolerancia y la corrupción.
Hoy, el lamentable caso de Yopal nos estremece porque es inaudito que una población, importante y trascendente en la vida nacional (y así no lo fuera), padezca un servicio de agua propio del siglo antepasado, donde a sus residentes, seres humanos que merecen respeto con derechos inalienables, se les arrea a los abrevaderos para que encuentren agua.
Entre tanto, el alcalde le recuerda al ministro Vargas que anda en campaña regalando casas con dinero de los contribuyentes, que los 120 mil millones para la solución no están en la alcaldía sino en su ministerio durmiendo el sueño de los injustos, esto es, esperando que desaparezcan. Los residentes no toleraron más este indigno tratamiento y se levantaron con todo el derecho que les asiste.
Condenamos los desmanes y los perjuicios causados en bienes públicos y privados promovidos por los agitadores profesionales, suficientemente conocidos pero sueltos y protegidos para que sigan delinquiendo. Solo después de lo trágicamente sucedido, el alto gobierno se percató de semejante injusticia y empieza a actuar.
Seguimos en las improvisaciones porque los programas preventivos nunca se realizan y si se realizan, las necesidades encontradas nunca se atienden. Siempre se incita con la desidia gubernamental a la protesta, al desorden e inclusive al crimen.
ESCRITOR ITO










