Publicado por: Epistolas Laicas
El hacinamiento en cárceles ha sido problema de siempre. Solo que ahora, agravado, las autoridades se han dado cuenta que deben resolverlo. Y como es costumbre, ellas, incapaces de mirar más allá de sus narices, buscan soluciones facilistas para salir de problemas y desocuparse pronto, para seguir recibiendo los honores que les embelesa. La flamante Minjusticia ha descubierto una solución trascendental: propondrá una enmienda a la Justicia para que el Congreso (¿auto legislándose?) le otorgue patente de corso a los delincuentes que reciban penas hasta de cinco años, para que salgan y disfruten la casa por cárcel. El vivir en hacinamiento es inhumano; en cambio, no lo fue el delito cometido y por ello sus responsables merecen especiales consideraciones, las que nunca tuvieron con nadie cuando delinquieron. Entonces: si hay dinero suficiente para permitir que se lo roben y para pagar suntuosos salarios a quienes estorban en sus curules el progreso nacional, ¿por qué no se construyeron a tiempo más cárceles? ¿Por qué no se le exige al aparato judicial que trabaje con celeridad, responsabilidad y eficiencia para resolver lo pendiente? ¿Por qué no se endurecen las penas y paralelamente se estimula el civismo? ¿Por qué se incita la comisión del delito con el castigo nulo a los menores infractores y delincuentes, estimulándolos para que se especialicen en su comisión y cuando sean mayores continúen delinquiendo? ¿Por qué a los ya juzgados y condenados no se les exige con trabajo físico compensar en parte el daño que le produjeron al Estado y a la sociedad? La casa por cárcel así concebida, y como se aplica en la práctica actualmente, es una mofa para quienes, respetuosos y cumplidores de la ley, se convierten nuevamente en carne de cañón de los profesionales del delito. Los desprestigiados brazaletes y su amañado sistema de otorgarlos es el presagio de cómo seguirá manejando la Justicia casos de esta índole.
Reflexión para esta semana: ¿El demonio, el mundo y la carne son los tres enemigos del hombre? O lo son los tres poderes del Estado.
ESCRITOR ITO










