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Ernesto Rueda Suárez
Martes 23 de abril de 2013 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Publicado por: Ernesto Rueda Suarez

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Francia también decide hoy si hay  «matrimonio para todos», o como llamamos aquí «matrimonio general». Todo indica que los legisladores franceses van a aprobar la iniciativa. ¡Lo que les faltaba a los franceses, no estar de acuerdo con un derecho fundamental!  La diferencia con el legislativo colombiano es que aquí  los «Honorables»  carecen de valor civil, de inteligencia y de formación académica para entender el problema, y el asunto se ha vuelto, como casi siempre, de componendas y de pactos secretos.

Si nuestros «Honorables» no lo aprueban ahora, más temprano que tarde ello ocurrirá a pesar de «ellos». Es lo mismo que le pasa a la Iglesia católica; se ha ido transformando a pesar de lo que diga o no diga la Curia Romana. Es lo que manda el proceso de civilización, que no depende de voluntad alguna.  No es un problema de ética o moral religiosas sino de derechos, en donde el Estado tiene que ser neutro y garantizar los derechos de todos. Está a prueba la máxima de nuestra Constitución: ¿al fin somos un Estado laico, independiente, o estamos sometidos a curas y pastores?

Es un problema de derecho igual para todos pero no deja de ser paradójico, pues  el matrimonio no es otra cosa que una institución carcelaria, y eso está claro muchos años antes de la obra de Michel Foucault. No creo que el derecho contemporáneo necesite de esa figura para garantizar los derechos de quienes deciden vivir juntos y formar una familia, y garantizar los derechos de quienes forman parte de esa familia.

No creo que la sociedad contemporánea se afecte en nada porque exista o no esa figura anacrónica llamada «matrimonio». Es una institución llamada –o ya está-  en vías de extinción. De hecho, los jóvenes no quieren el matrimonio, lo que no es indicativo de irresponsabilidad ni de falta de  intervención del Estado para garantizar los derechos de las parejas o de los hijos. Por ahora es una lucha justa por la igualdad, y eso vale y debemos defenderlo con vehemencia. Está en la línea de desarrollo de los derechos; antes no votaban las mujeres, los analfabetas,  los negros,  los inmigrantes. La vocación sexual no puede seguir marcando discriminación y estigmatización. 

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