martes 04 de agosto de 2009 - 10:00 AM

Palabras Inútiles

Existe una mutua corriente de favores –aun cuando no lo quieran o deseen-  entre varios mandatarios andinos. Quieren  exacerbar el viejo y gastado nacionalismo para movilizar el 'Estado de Opinión' en Venezuela, Ecuador y Colombia.
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Y tienen una característica común sus gobernantes actuales: querer perpetuarse en el poder, infiltrando las Constituciones para imponer 'democracias populares', que prescinden de toda institucionalidad, aunque finjan tenerla. Son dictaduras no reconocidas, pues nadie se declara dictador; por el contrario, se creen y proclaman auténticos demócratas. En nuestro país el 'Estado de Opinión' toma el nombre de 'seguridad democrática', que al final ha resultado con que no es ni lo uno ni lo otro.  Es hoy día un auténtico refrito inaudito.

Viene a adobar ahora el asunto el negocio de las armas a los grupos ilegales. Unos viejos lanza cohetes de fabricación sueca truenan en los medios a la vez que se ventila el caso de las bases estadounidenses en reemplazo de la de Manta, en Ecuador. Chávez simula enfurecerse y amenaza desde su patio tropero. A la vez,  inicia una feroz persecución a la libertad de prensa y de expresión.  Como lo hace en Italia el sultán Berlusconi. Uribe disimula una diplomacia ramplona y sin contenido, para sus maniobras politiqueras en aras de una presidencia que se insinúa perpetua.  Chávez cierra periódicos y canales de televisión. Aquí ni siquiera es necesario hacerlo. Los colombianos queremos demasiado al Príncipe. Como en  Italia o Venezuela, es el 'Estado de Opinión'.

Juzgamos grave lo de los lanza cohetes,  y ya hemos olvidado a los sempiternos proveedores de armas de todos los grupos ilegales; centenas de miles de fusiles, toneladas de municiones y otros artefactos  letales. Demasiada doble moral. El negocio del tráfico de armas es tan bueno como el de las drogas psicotrópicas. Hay que agitar el cotarro nacionalista, distraer a la opinión.

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Post scriptum. El radicalismo extremista insiste en desestabilizar la normalidad académica en la UIS. A punta de bombazos e intimidación se pretende reclamar unos Derechos Humanos en los que no  creen  y que no  reconocen a los demás. Incoherencias del estado de barbarie.

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