martes 17 de noviembre de 2020 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Por eso millones de excluidos, de pobres, de migrantes, entre más golpeados y expuestos a la covid-19, votaron Trump. La política del dolor tiene niveles que van de menos a más, del sadismo, al sadomasoquismo, hasta llegar al sadopopulismo.
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Thimothy Snyder es profesor e investigador -referente internacional- en ciencia política de la Universidad de Yale y del Instituto de Ciencias Humanas de Viena. Tiranía, democracia, totalitarismos son su gran preocupación. Su libro “Sobre la tiranía; veinte lecciones que aprender del siglo XX”, es un testamento viviente, que cobra fuerza inusitada ante el tirano en ciernes Donald Trump y sus pretensiones de desatar un estado de rebelión ante la derrota, cada vez más incuestionable. La primera lección marca el sentido del libro: “La obediencia anticipatoria es una tragedia política”. Y el epígrafe de Leszek Kolakowsky, lapidario: “En política, que a uno lo engañen no es excusa.”. Hace unos días publicó en “El País” un ensayo explicativo sobre la aparente paradoja de por qué Trump obtiene más de 72 millones de votos, superando lo obtenido en 2016. Snyder lo atribuye al tribalismo y a la política del dolor, al patrón oligárquico que cobra fuerza en la política estadounidense, al sistema clientelar racista y xenofóbico. “El racismo -dice- es lo que hace posible la desigualdad económica... El tribalismo fundamentado en el color de la piel y el recuerdo de la esclavitud permite que los blancos pobres estén dispuestos a sacrificarse por los blancos ricos.” Por eso millones de excluidos, de pobres, de migrantes, entre más golpeados y expuestos a la covid-19, votaron Trump. La política del dolor tiene niveles que van de menos a más, del sadismo, al sadomasoquismo, hasta llegar al sadopopulismo. Así, la política se convierte en el arte de sacrificar, con tal de que “yo” y mis amigotes podamos ser más ricos, más opresivos y dominantes.

Post scriptum. Mi abuela tuvo tan larga vida, que vio pasar dos veces el cometa Halley. Yo veo morir dos veces a la revista Semana, porque lo ocurrido en su seno es como una segunda muerte. Han matado una visión del periodismo crítico, riguroso, independiente y valiente. Tienen la pretensión de convertirse en la “Fox News” a colombiana; poca verdad, informaciones encapsuladas o invisibilizadas, nada de investigaciones que cuestionen el poder. Negocios son negocios; ojo al 2022.

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